En el contexto mundial, los diferentes usos del agua se distribuyen en un 65% en agricultura (riego), un 25% en procesos industriales, un 10% en abastecimiento para consumo humano y, además, un dato aún no determinado de aguas usadas en actividades recreativas (piscinas, ríos, lagos y playas). En este sentido, la eficiencia de la tecnología utilizada en los mencionados usos contribuye, en mayor o menor grado, a la crisis actual del manejo del recurso hídrico; por ejemplo, algunos procedimientos industriales consumen muchísima agua, entre ellos podemos citar:
La producción de una tonelada de acero consume 280 toneladas de agua.
El agua que se emplea en la fabricación de un automóvil equivale a 50 veces el peso del vehículo.
Para producir un kilo de carne de res en California se necesitan 20.500 litros de agua.
Todo el proceso utilizado para limpiar y congelar un pollo consume al menos 20 litros de agua.
50% de pérdida. Por otro lado, en Costa Rica las pérdidas físicas (fugas) y comerciales en el suministro de agua para consumo humano alcanza un 50%, debido precisamente al deterioro de las redes de distribución; además, algunos procesos industriales como el beneficiado del café y el turismo, a través del consumo de agua para riego de canchas de golf, están aumentando el gasto de agua.
Ante estos datos, es evidente que la actual crisis del recurso hídrico no se resuelve solamente con la protección de las fuentes de agua o de las cuencas hidrográficas. Es necesario promover, usar y regular tecnologías que faciliten el ahorro en el uso del agua, para lo cual es recomendable desarrollar y consolidar una nueva administración del recurso hídrico en los ámbitos nacional y mundial. Ese organismo debe reordenar los diferentes usos del agua por medio del derecho y la justicia, prevaleciendo el respeto a la soberanía de cada país y el mejoramiento de la salud y la calidad de vida de todos los seres humanos.