
En la Atenas de la época clásica, el ágora era el lugar de libre discusión sobre los asuntos de la polis . A lo largo de estos meses de campaña política, nuestro propósito fue recrear, en las páginas de este diario, un espacio para las ideas sobre la democracia.
A modo de cierre de esta serie de seis entregas, convocamos a tres escritores al rededor de una pregunta: ¿Para qué sirve la política?
La política, como tal, ha existido pocas veces, decía la filósofa Hannah Arendt: no se trata de una necesidad vital, como el amor o el hambre, y comienza precisamente cuando cesa el reino de las necesidades materiales y de la fuerza física. Justamente por eso, la política se puede perder.
La política es frágil, porque depende de la libertad humana: no hay política, pues, donde tiranías, totalitarismos, o luchas tribales impiden a los hombres crear un espacio donde relacionarse libremente.
¿Para qué sirve la política? La pregunta, volviendo a Hannah Arendt, nos conduce a interrogarnos sobre los objetivos concretos de la acción política, sobre los fines hacia los cuales apunta, y, finalmente, sobre el sentido que esa actividad encierra en sí misma.
Encontrarán, en estas páginas, rica materia para reflexionar sobre estas preguntas, el día en que se toma una importante decisión para el futuro de nuestra democracia.