El Catedrático Luis Rosero publicó un artículo sobre las estadísticas de población y esperanza de vida al nacer. Él es, sin lugar a dudas, un especialista muy destacado en el tema. Algunas de sus afirmaciones -quizá más el título con que se publicó el artículo- no podemos compartirlas.
Otras apreciaciones -las más y las fundamentales- sí las compartimos.
El Informe sobre el estado de la nación en Desarrollo Humano Sostenible ha expresado reiteradamente posiciones por él sostenidas en La Nación del 4 de noviembre de 1998:
La importancia de contar con los Censos, principalmente con el Censo de Población a la mayor brevedad, haciendo depender de su realización la mayor precisión de las cifras demográficas. Desde el segundo informe hemos venido insistiendo en el punto (página 79), señalando la importancia de los Censos. Además, en ese informe, se estableció una crítica al indicador de pobreza sobre la base del envejecimiento de la información censal (página 78). En el tercer informe, se reiteró la apreciación sobre los límites que impone la lejanía del último censo (páginas 35 y 68). Ya en el cuarto informe, en un lugar muy destacado de la sinopsis (páginas 35 y 37) de nuevo se anotó esta limitación. Ciertamente la posposición de los Censos dificulta el análisis científico.
El impacto de la población migrante no documentada en los cálculos de población fue advertido en el segundo informe sobre el estado de la nación (página 79); en el tercer informe se abordó con bastante amplitud (páginas 75 y 76) al presentar un resumen de estudios recientes sobre la población migrante; en el cuarto informe, en el capítulo sobre la región Huetar Norte, se señalaron los impactos de la población migrante y se reflexionó sobre su magnitud (páginas 281 a 286). Este es una importante consideración no sólo desde la perspectiva demográfica.
La declinación de la esperanza de vida al nacer en el país. Citando precisamente a Rosero, el cuarto informe (página 77) señala la reducción de la esperanza de vida al nacer y la incertidumbre sobre el tamaño de la población utilizada para calcular las tasas de mortalidad y la esperanza de vida. "La población puede ser mayor debido a la inmigración nicaragüense, lo cual solo podrá ser aclarado por un nuevo Censo de Población (Rosero, 1998b)".
Divergencia. Pero entonces, ¿en qué no estamos de acuerdo con Rosero? Fundamentalmente en su reclamo de haber consignado, en el Compendio Estadístico del informe sobre el estado de la nación, las cifras oficiales de población de la Dirección General de Estadística y Censos del Ministerio de Economía Industria y Comercio, y las cifras de esperanza de vida al nacer del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) en sus Boletines Demográficos, citados por la Secretaría de Integración Centroamericana. También no estamos de acuerdo en su combate contra el uso de las cifras oficiales en el Informe sobre el Desarrollo Humano 1998 del PNUD. Sobre esto se puede entender fácilmente que un informe mundial no puede recoger, por más precisas y preciosas que sean, las cifras de un investigador, que además las publica con posterioridad al cierre de edición del informe.
Fuentes. La política que hemos seguido en el Proyecto Estado de la Nación ha sido la de consignar las cifras oficiales, y de estas las que son continuas y periódicas, en el Compendio Estadístico y presentar la crítica de los indicadores en los capítulos del informe. Por cierto no sólo para los indicadores demográficos, pues el informe recopila y presenta bastantes fuentes de información.
Caemos en la cuenta de otro desacuerdo con Rosero: él menciona la cifra de producto interno bruto por habitante como sobrestimada, en razón del error de la población. Sólo ve en esta afirmación la crítica al indicador de población, en lo que es especialista. No analiza los serios problemas de estimación del producto interno bruto del país, por cierto señalados en el cuarto informe (página 98). Al tomar en cuenta la subvaluación del PIB y la estimación de población -sustentada en cálculos y razones de especialistas- el producto por persona, contrario a lo que Rosero afirma, estaría también subestimado. Lejos de nosotros insinuar que es un "error serio" que deforma "artificialmente el índice" o que se trata de un "burdo error" de sus escritos o de él.
Quizá le convendría a Rosero leer la crítica al indicador del producto consignada en el cuarto informe (página 98), así como sus propias referencias (las de Rosero) debidamente citadas en el cuarto informe sobre el estado de la nación en Desarrollo Humano Sostenible.