No es tan evidente que para los costarricenses la democracia ya no sea importante, como comenta el editor Armando Mayorga ( La Nación , 12/11/00). Más bien, lo contrario es lo cierto: la democracia es un sistema que ha encontrado aquí una población dispuesta a hacerla madurar. El resultado son muchos años de vida institucional, de vida política caracterizada por institutos específicos que han garantizado una prolongación del sistema y, por supuesto, de su viabilidad.
Eso apunta a que en este estadio de la historia los costarricenses no hacemos con la democracia lo que se hace con lo nuevo, con lo que no se conoce o se empieza a develar. Es cierto que aquí no se expresa un entusiasmo cotidiano, tumultuoso y machacante sobre el sistema político que hemos elegido, pero tampoco significa que el costarricense no tenga celo, a veces excesivo, por lo que considera democrático, producto de la democracia o garantizado por ella. Quiero decir, en democracia no hay tragedias sino problemas. Claro que la democracia es importante para el ciudadano; otra cosa es el desánimo público y de eso podemos padecer todos, democráticamente, sin cuestionar en esencia el sistema que nos permite hacerlo.
El señor Mayorga lo expresa bien: "esa indiferencia es la culpable de que estemos como estemos, de que todo lo negativo sea creciente y lo positivo, decreciente". Una generalización hiperbólica: ni todo puede estar peor, ni es posible que nada esté mejor. Claro, se puede decir así como él lo dice, pero con apego a la emoción y no a los hechos.
Veamos un ejemplo: la corrupción. Dice don Armando que "tenemos más". Sin embargo, durante los últimos dos y medio años en el Gobierno hemos coordinado acciones para que las personas que ilícitamente lucraban con los Certificados de Abono Tributario (CAT) fueran llevadas a los tribunales y a la cárcel; se hiciera la primera acusación seria por contrabando en años; se parara el abuso de los incentivos turísticos y como consecuencia del único caso de corrupción que se ha acreditado en nuestra gestión (INCOP), el responsable fuera a la cárcel. Todo sin mencionar la promoción de mejoras legales para combatirla.
Similares iniciativas se desarrollan en problemas como la impunidad, la inseguridad y la desigualdad. Se generan cambios culturales en todas las instituciones públicas para actualizarlas y calibrar su eficiencia. No ver esos esfuerzos es quizás peor que el desánimo mismo, y si por desánimo no se ven, pues bien haríamos en ponernos las pilas y abrir los ojos: que todos los días suceden cosas buenas.
(*) Ministra de Justicia y Gracia