En fechas recientes, cuando casualmente hemos escuchado de varios sismos graves: el del 22 de diciembre en California y el del 26 de diciembre en Irán, e incluso aquí, en el país, el del 25 de diciembre, podemos estar más confiados en que la aplicación del nuevo Código Sísmico de Costa Rica, versión del año 2002, ya oficialmente ha entrado en vigencia mediante la publicación del decreto Nº 31.553 en La Gaceta.
Y es que el nuevo Código nos coloca a la altura de países más desarrollados en el aspecto de normativas para el diseño sismorresistente. La filosofía del nuevo documento, redactado por una serie de profesionales colegas distinguidos y con aportes de muchos otros, busca no solo la resistencia de las edificaciones a determinadas magnitudes de eventos sísmicos, sino también espera el cumplimiento de objetivos o metas de comportamiento o desempeño de las estructu-ras que serán construidas.
Es decir, además de garantizar que las estructuras soporten las fuerzas a las que serán sometidas, se busca que en ningún momento pierdan su funcionalidad establecimientos considerados esenciales, precisamente en caso de sismos, como los hospitales.
Protección universal. Al quedar establecidas como de acatamiento obligatorio las normativas establecidas en el nuevo Código, se protegerán no sólo las construcciones multimillonarias, públicas o privadas, que por su costo e importancia así lo merezcan, sino también la construcción que subjetivamente, y tal vez egoístamente, más preocupa a cada uno de nosotros: nuestras viviendas y hogares.
Se considera esa protección como universal dado que incluso las viviendas de interés social deberán cumplirla, tal y como quedó definido por el Poder Ejecutivo en la directriz Nº 27, denominada “Especificaciones técnicas y lineamientos para la escogencia de tipologías arquitectónicas para la construcción de vivienda y obras de urbanización”, publicada el 11 de setiembre en La Gaceta.
Si revisamos la descripción de las viviendas colapsadas, según las informaciones de la prensa internacional, nos enteramos de que eran construcciones primordialmente de mampostería elaborada con ladrillos de barro. Esto es comprensible si se recuerda que casualmente fue Mesopotamia, la cuna de la civilización, donde los mismos sumerios fa-bricaban sus viviendas con ladrillos de adobe.
Sin embargo, en estos países, dichas construcciones se levantan, en la mayoría de los casos, en forma muy doméstica y empírica, con desconocimiento de los requisitos mínimos de refuerzo para este sistema estructural.
Por fortuna, en Costa Rica se ha llegado a tomar conciencia acerca de la seguridad de invertir en materiales cuyo comportamiento en condiciones sísmicas sea favorable, y en la necesidad de contar con la asesoría de un especialista en dicha materia. Así, catástrofes como la acontecida en el Oriente Medio han llegado a ser prácticamente erradicadas de nuestro suelo.