Cada vez es más notorio el comportamiento irrespetuoso hacia los periodistas por parte de algunos entrenadores y dirigentes del futbol en Costa Rica, cuando aquellos les hacen preguntas que tienen que ver con el bajo rendimiento del equipo o de algún jugador en particular. Esto ha redundado en que los periodistas, para no caer mal y también en desgracia, se remitan muchas veces a preguntar aquello que el "profe" o el dirigente quiere que le pregunten, desvirtuándose así la esencia de la función del comunicador.
La Selección Nacional no es ajena a esta situación. Es elemental que en el futbol moderno los equipos o selecciones nacionales deban disponer de jugadores talentosos y de una exquisita técnica en el medio campo. Sin jugadores de buen dominio del balón en la línea media, de poco sirve el esfuerzo de los delanteros y de la línea defensiva ya que el equipo que domina la media cancha domina el partido.
En Costa Rica existen jugadores con las características señaladas, pero el gran problema es que el único de ellos que está en la selección es Wálter Centeno, quien tiene que "sudar chayotes" para tratar de salvar la barca que se hunde.
No he tenido noticias de que a Guimaraes se le hayan pedido las razones para no convocar a Max Sánchez y excluir a Bryan Ruiz. Sánchez fue el mejor jugador del torneo de Apertura y del de Clausura, y en gran parte es el responsable del nivel alcanzado por el Puntarenas. Es un "todoterreno", dotado de una exquisita técnica que, aunada a su fortaleza física, le permite desempeñarse excelentemente como mediocampista, o bien meter la pierna con fuerza y ganar balones arriba como contención.
Ruiz fue a todas luces el mejor jugador del Clausura en Alajuela, con un envidiable manejo del balón y gran versatilidad, lo que le permite cubrir mucho espacio, apoyar la delantera e incluso adentrarse con éxito en la línea de metralla. Es, sin duda, el nuevo Wilmer de la Liga y debería de serlo de la Selección.
Señores periodistas: al "carajo" con los temores y "¡a preguntar, carajo!". Vale más tarde que nunca.