Los presidentes de Estados Unidos, Bill Clinton, y de México, Ernesto Zedillo, se sentarán hoy, frente a frente, en el Palacio Nacional para discutir temas delicados como el narcotráfico o la inmigración y asuntos comerciales.
Clinton, apoyado en dos muletas, llegó ayer al aeropuerto militar Benito Juárez, donde fue recibido por el secretario de Relaciones Exteriores mexicano, José Angel Gurría; el embajador mexicano en EE.UU., Jesús Silva, y su contraparte estadounidense, James Jones.
El arribo de Clinton al país vecino, primera escala de una gira de una semana que lo llevará a Costa Rica y Barbados, se da en momentos en que en México es bastante manifiesto un estado de resentimiento por las deportaciones masivas de indocumentados mexicanos y por las críticas estadounidenses a la lucha antidrogas.
Zedillo le dará hoy la bienvenida oficial en Campo de Marte, una instalación militar frente al hotel Presidente Intercontinental en donde se hospedará Clinton.
Sin embargo, anoche el gobernante estadounidense decidió, de última hora, visitar el Museo de Antropología e Historia --el principal de México--, ubicado a poca distancia de su hotel, donde lo recibió el presidente Zedillo.
El mandatario estadounidense, quien se dedicó luego a otras actividades privadas, es acompañado por 14 miembros de su gabinete, lo que es interpretado como una muestra de apoyo hacia México en momentos en que abundan las tensiones bilaterales.
La Casa Blanca presiona para que las autoridades mexicanas intensifiquen su participación en el combate contra el narcotráfico y ha insistido en que acepten una mayor participación de la DEA. En febrero, Clinton le dio certificación a México por su lucha contra las drogas, a pesar de la oposición del Congreso estadounidense.
En cuanto al tema migratorio, las autoridades mexicanas han protestado por el trato que se da a sus ciudadanos que emigran a Estados Unidos y han acusado a diversos sectores de este país de mantener una actitud xenófoba contra México.
Un promedio de 4.500 mexicanos son deportados diariamente del territorio estadounidense, según la revista Proceso.
Las dos gobiernos, no obstante, han multiplicado las declaraciones de confianza y de buena voluntad a raíz de la visita de Clinton a México, su tercer socio comercial.
"Amigo de Mexico"
Un fuerte cordón de seguridad custodia desde ayer el distrito hotelero de Polanco, donde Clinton permanecerá hasta el miércoles, día en que partirá rumbo a San José para reunirse con los mandatarios centroamericanos, de Belice y de República Dominicana.
Aunque las autoridades mexicanas pretendían evitar manifestaciones de protesta contra la visita de Clinton, lo que incluso las llevó a inventar una decoración especial --de franjas rojo, azul y blanco-- en sustitución de la bandera de barras y estrellas, ayer se produjeron quemas de banderas estadounidenses y otras protestas cerca de la sede de la embajada de EE.UU. en la capital mexicana.
La administración estadounidense se ha empeñado en mostrar a Clinton como un amigo de México, país al que en 1995 Washington le concedió un apoyo económico de emergencia por un total de $12.000 millones, para que superara la crisis económica que estalló tras la devaluación de la moneda mexicana en diciembre de 1994.
La agenda de conversaciones incluye además el reconocimiento de los lazos económicos entre los dos países, que se han estrechado desde la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) de Norteamérica, que entró en vigor el 1º de enero de 1994, el cual ha permitido un fuerte crecimiento del intercambio comercial.
Una comisión binacional, máximo órgano rector de las relaciones bilaterales, se anticipó a la llegada de Clinton y comenzó ayer a evaluar los temas de la agenda mexicano-estadounidense, en 16 grupos de trabajo. Esta reunión será clausurada hoy por Clinton y Zedillo.