
Sin síntomas evidentes en la mayoría de los casos, el hígado graso metabólico avanza de forma silenciosa y suele detectarse cuando ya existen daños significativos en el hígado o complicaciones asociadas.
Stephanie Marín, nutricionista de la Clínica Hikma, y quien forma parte de la red médica de MediSmart, detalla la razón por la cual esto refleja el peso de los hábitos modernos en la salud metabólica de la población.
Lo que debe saber:
- Es grasa almacenada en el hígado y su detección suele ser tardía
- Aumenta el riesgo cardiovascular.
- Es reversible con cambios de hábitos en etapas tempranas.
El hígado graso metabólico es una acumulación de grasa en el hígado que no tiene que ver con alcohol, sino con cómo está funcionando el metabolismo de la persona. Generalmente está muy relacionado con resistencia a la insulina, exceso de grasa abdominal, niveles altos de azúcar o triglicéridos.
“No es solo un tema de peso. Hay personas con peso normal que también lo pueden desarrollar, porque el problema es más metabólico que estético”, aclara Marín.
A diferencia de lo que suele creerse, no es una enfermedad exclusiva de personas con sobrepeso, también se presenta en personas con obesidad, diabetes o síndrome metabólico.
Según la nutricionista esta condición es más frecuente en hombres, sin embargo, en el caso de las mujeres el hígado graso metabólico aumenta después de la menopausia.
“A diferencia de otros padecimientos hepáticos, no está relacionada con el consumo de alcohol, sino con alteraciones metabólicas en el hígado”, afirmó la especialista.
En los últimos años, también ha crecido de forma preocupante en población joven, impulsado por el sedentarismo y los hábitos alimentarios inadecuados.
¿Cuáles son los síntomas más comunes y por qué pasa desapercibido?
“La mayoría de las veces el hígado graso metabólico no da síntomas, y ahí está el reto. Muchas personas lo tienen y no lo saben. A veces puede haber cansancio o una molestia leve en el abdomen, pero nada muy específico, por eso muchas veces se detecta en exámenes de rutina o en un ultrasonido”, explicó la nutricionista.
Sin embargo, la falta de síntomas no implica que sea inofensivo, pues si esta condición no se atiende, puede generar inflamación hepática, fibrosis, cirrosis e incluso cáncer de hígado. Además, incrementa significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Una enfermedad cada vez más común
En Costa Rica los datos evidencian la magnitud del problema ya que se estima que el 30% de los hombres y el 20% de las mujeres mayores de 18 años presentan hígado graso en algún grado. De estos casos alrededor del 40% podría evolucionar a cirrosis si no se trata a tiempo.
“La alimentación es la base, pero no trabajo sola porque tiene que ir de la mano con ejercicio, buen descanso, manejo del estrés y control médico. Al final estamos tratando todo el metabolismo, no sólo el hígado”, enfatizó Marín.
Mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que si las tendencias actuales continúan las complicaciones relacionadas con esta enfermedad podrían duplicarse o triplicarse hacia el año 2030.
“No tener sobrepeso no significa estar libre de hígado graso”,

Cambiar hábitos, no solo el peso
El abordaje nutricional es clave, pero no se centra únicamente en bajar de peso. La especialista subraya que mejorar la calidad de la alimentación puede generar cambios significativos, incluso sin grandes reducciones en el peso corporal.
Entre las principales recomendaciones están:
- Disminuir el consumo de bebidas azucaradas.
- Evitar alimentos ultraprocesados.
- Elegir grasas saludables.
- Incrementar la ingesta de fibra.
“No se trata de dietas restrictivas, sino de construir una forma de comer que sea sostenible en el tiempo”, enfatizó Marín.
Según la experta, el tratamiento del hígado graso metabólico requiere una visión integral. La alimentación debe complementarse con actividad física regular, buen descanso, manejo del estrés y seguimiento médico.
¿Qué alimentos nos pueden ayudar?
“Un patrón tipo mediterráneo es de lo más recomendado, incluir muchos vegetales, frutas enteras, leguminosas, granos integrales, pescado, grasas saludables como aceite de oliva. Y algo súper importante es que se debe reducir azúcares añadidos, sobre todo en bebidas. No es una dieta extrema, es una forma de comer más simple”, explicó la nutricionista.
Para Marín, la alimentación de calidad, el ejercicio constante y el control médico son pilares fundamentales para su manejo y reversión.
