
A veces, las batallas más difíciles son las que nadie ve. Se libran en silencio, entre dudas, consultas médicas y noches interminables de dolor. Así comenzó la historia de Mariana Sandoval Alvarado, una joven que, desde muy temprana edad, tuvo que enfrentarse a una realidad que cambiaría por completo su forma de vivir, de entender su cuerpo y de luchar por su bienestar.
Lo que parecía ser una etapa natural de crecimiento se convirtió en un camino largo, incierto y profundamente desafiante: fue diagnosticada con endometriosis.
Justo el 14 de marzo se conmemoró el Día Mundial de la Endometriosis, para visibilizar esta enfermedad que afecta a mujeres en todo el mundo y que aún no tiene cura.
Esta conmemoración también es conocida como Marzo Amarillo, mes durante el cual se busca informar, crear conciencia y fomentar la realización de chequeos médicos que ayuden a prevenir complicaciones.
Lo que debe saber:
- No se debe normalizar el dolor extremo: hay que atenderlo.
- Insistir en el diagnóstico es clave.
- El tratamiento adecuado y el apoyo hacen la diferencia.

El testimonio de Mariana
Mariana, oriunda de San Francisco de Dos Ríos, San José, relacionista pública y hoy con 20 años, recuerda con claridad cómo todo comenzó. Ella cuenta que a los 12 años, en noviembre del 2017, le llegó por primera vez la menstruación y esa transición en su cuerpo no le presentó ningún dolor.
Sin embargo, fue hasta el 1.° de enero del 2018, previo a que su ciclo menstrual llegara, cuando sintió un dolor intenso e inesperado, marcando el inicio de un periodo que se repetiría durante años.
“Era un dolor insoportable, estaba descompuesta, vomitaba y me sentía mal”, comentó Sandoval.
Ese fue el inicio de una rutina difícil. Mes a mes, el dolor regresaba con la misma intensidad, obligándola a visitar el hospital de forma constante.
“Lo llegué a confundir con un dolor de ovarios, pero mi mamá me decía que no era normal”, explicó la joven.
Con el apoyo incondicional de su madre, María Lourdes Alvarado, inició un recorrido médico que estuvo lleno de intentos, cambios de tratamientos y muchas preguntas sin respuesta.
Su condición se complicaba aún más debido a su alergia a los antiinflamatorios, lo que limitaba significativamente las opciones para aliviar el dolor.
“Lo que hacían los medicamentos era que el dolor no creciera más, pero se mantenía ahí de alguna manera. Entonces, realmente lo sufrí bastante”, explicó.
El día a día de Mariana se transformó en una constante incertidumbre. Ir al colegio implicaba el temor de sufrir una crisis en cualquier momento. Las visitas al hospital se volvieron parte de su rutina, y el dolor dejó de ser algo ocasional para convertirse en una presencia constante.
Ese suplicio también le generó un desgaste emocional. No entendía qué pasaba con su propio cuerpo. Luego llegó al consultorio de una ginecóloga, quien le envió un medicamento específico que serviría tanto como tratamiento como prueba diagnóstica.
“Mi ginecóloga me dijo: ‘Te voy a enviar un medicamento que es para tratar la endometriosis y si te hace efecto, ya te puedo diagnosticar pero si no te hace efecto, te tengo que intervenir’”, narró la veinteañera.

¿Qué es la endometriosis?
La endometriosis se presenta cuando un tejido similar al endometrial crece fuera del útero, afectando con mayor frecuencia los ovarios, trompas de Falopio, vejiga e intestino. En casos menos comunes, puede comprometer estructuras fuera de la pelvis.
Además del dolor pélvico severo, la enfermedad puede causar trastornos digestivos, alteraciones del sueño, sangrado urinario o rectal y enfermedades inmunológicas asociadas.
Se trata de una enfermedad crónica y afecta a una de cada diez mujeres a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Para comprender mejor este padecimiento, consultamos a una especialista, quien nos explicó en detalle qué es la endometriosis.
Lucrecia Araya, ginecóloga oncóloga del Hospital Metropolitano e integrante de la red de Clínica MediaSmart, indicó que el diagnóstico de endometriosis nace de la sospecha clínica, asociado a estudios por imágenes y muchas veces a cirugía cómo laparoscopias diagnósticas.
No se trata de un diagnóstico rápido, más bien suele ser un diagnóstico por exclusión, luego de descartar otras enfermedades.
“Hay grados de severidad asignados de acuerdo a los hallazgos durante el diagnóstico; pero puede en el peor de los casos comprometer la fertilidad y la calidad de vida por su comportamiento biológico infiltrante en los tejidos”, recalcó.
Según la especialista, aunque la endometriosis suele desaparecer con la menopausia, en aproximadamente el 2 % de las pacientes puede mantenerse, normalmente por el efecto de la terapia de reemplazo hormonal.
Las pacientes con mayor riesgo son aquellas con antecedente de endometriosis en la familia, es decir, con sangrados más prolongados, más abundantes o con ciclos más cortos al exponerlas al flujo retrógrado.

Momento decisivo
“Yo veía como mi ginecóloga me cambiaba de tratamiento pero el dolor nunca se iba. Entonces, creo que ese era mi mayor miedo, que sintiera esto por siempre“, recordó la joven.
Cuando estaba a punto de perder la esperanza, apareció la respuesta que Mariana llevaba años esperando. El nuevo medicamento que le recomendó su ginecóloga dio efecto.
“Después de dos años el dolor, se me fue. Aunque es importante mencionar que con este tratamiento ya no me venía la menstruación”, detalló Sandoval.
Aseguró además, que fue en ese momento que la ginecóloga le confirmó que tenía endometriosis. A partir de ese momento, pudo experimentar lo que era vivir sin dolor, después de cuatro años de angustias.
Más adelante, en el 2025, logró estabilizar su condición con un anticonceptivo adecuado, manteniéndose hasta hoy sin síntomas.
Hoy, Mariana transforma su experiencia en un mensaje poderoso: el dolor extremo no es normal y no debe ignorarse; e insiste en la importancia de acudir al ginecólogo, de escuchar el cuerpo y de no conformarse con respuestas incompletas.
También hace un llamado a la empatía y a la información, recordando que un diagnóstico a tiempo puede cambiar por completo el futuro de una mujer.
“Abogo por la concientización y la importancia de entrar en un control ginecológico, no normalicemos los dolores o ponernos en un segundo lugar”, concluyó la joven.
