
En la rutina diaria, entre el trabajo, las comidas rápidas y el estrés incluso al hacer ejercicio hay una necesidad básica que suele quedar en segundo plano y esa es nada más y nada menos que tomar agua. Pues sí, aunque parezca un hábito simple, la hidratación tiene un impacto profundo en cómo funciona el cuerpo, cómo se siente y cómo responde a las exigencias del día.
Stephanie Marín, nutricionista, de la clínica Hikma y quien forma parte de la red médica de MediSmart, nos explica los beneficios y las consecuencias de no tomar agua y estar deshidratado por mucho tiempo.
Lo que debe de saber:
- Permite que el cuerpo funcione correctamente.
- La deshidratación afecta el rendimiento de las personas.
- Sed, fatiga, mareos o dolor de cabeza son algunas de las señales.
Para el buen funcionamiento del cuerpo humano, el agua resulta indispensable, pues interviene en la digestión, el aprovechamiento de nutrientes y la limpieza de desechos.
Para Marín, la falta de agua no siempre se percibe de forma evidente, pues más allá de la sed, el cuerpo puede manifestar deshidratación a través de señales que muchas veces se pasan por alto algunas de ellas son la fatiga constante, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse e incluso cambios en el estado de ánimo.
“Una deshidratación leve puede afectar cómo pensamos, cómo nos sentimos y cómo rendimos en el día. El cuerpo puede adaptarse pero no significa que esté funcionando bien”, explicó la especialista.
El cerebro, es altamente sensible a los cambios en el equilibrio de líquidos y puede experimentar una disminución en la atención, la memoria y la claridad mental. Esto se traduce en jornadas laborales menos productivas, mayor sensación de agotamiento y una menor capacidad para responder a tareas cotidianas.
Uno de los fenómenos más frecuentes es confundir la necesidad de hidratación con hambre. Según Marín, no se trata de un error fisiológico del cuerpo, sino de una desconexión con sus señales.
“Sí puede pasar, pero no es que el cuerpo las confunda exactamente, sino que muchas veces no estamos conectados con nuestras señales. Entonces, en lugar
de identificar la sed, terminamos comiendo por costumbre, ansiedad o hábito. A veces, no es hambre es que no estamos escuchando bien al cuerpo, aclaró la nutricionista.
Este patrón, sostenido en el tiempo, puede influir en el aumento de peso y en una relación menos consciente con la alimentación.
¿Qué relación existe entre la hidratación y el metabolismo?
De acuerdo con Marín, el agua no quema grasa por sí sola, pero sí cumple funciones clave en el metabolismo. Una hidratación adecuada permite que los procesos del cuerpo se desarrollen de manera eficiente y puede favorecer la sensación de saciedad.
“Incluso puede apoyar el control del peso cuando mejora la saciedad o cuando sustituye bebidas con calorías, como refrescos o jugos, pero el agua no hace magia”.
¿La deshidratación afecta la digestión o la retención de líquidos?
“Puede afectar principalmente la digestión, aumentando el estreñimiento o la incomodidad intestinal, mientras que con la retención de líquidos, no es tan directo como se cree, pero muchas personas sí mejoran esa sensación cuando hidratan mejor su cuerpo”, detalló Marín.
La nutricionista indica que el cuerpo envía señales a esas personas que no están tomando suficiente agua. Las más comunes son: sed, boca seca, orina oscura, dolor de cabeza, cansancio o mareos leves. Además, un indicador práctico es el color de la orina ya que si es muy oscura de forma constante, probablemente falta hidratación.
¿Las personas con sobrepeso necesitan más agua?
“En muchos casos sí, porque el tamaño corporal, el nivel de actividad y el ambiente influyen en los requerimientos”

¿Cuánta agua se recomienda consumir al día?
La Organización Mundial Salud (OMS) advierte que no existe una cantidad única de agua que asegure la hidratación para todas las personas. Esto se debe a que influyen múltiples factores, como las condiciones del organismo, el entorno climático, la actividad diaria y los hábitos alimenticios.
“Una forma práctica de estimarlo es multiplicar el peso corporal por 30; eso da una idea aproximada de los mililitros que podría necesitar al día. Y si siente que es mucho, puede empezar con una meta más realista, como cubrir al menos la mitad de ese número en agua pura, e ir avanzando poco a poco”, explicó la nutricionista.
Es importante aclarar que el cuerpo tiene una capacidad limitada de absorción, alrededor de 600 a 800 mililitros por hora, por eso se recomienda distribuirla a lo largo del día.
Cambios pequeños, resultados reales
Al incorporar el hábito de beber más agua no se requieren transformaciones drásticas. Marín, aconseja llevar una botella, asociar el consumo a momentos específicos del día o reemplazar una bebida azucarada pueden marcar la diferencia.
Con estas acciones en tan solo una semana, estos cambios pueden traducirse en mejor digestión, mayor energía, menos antojos y una sensación general de bienestar.
Al final, la tomar agua no se trata de cumplir una regla estricta, sino de desarrollar una relación más consciente con las necesidades del cuerpo.
