
Respirar es algo automático para la mayoría de las personas, pero para quienes tienen asma, cada inhalación puede representar un desafío.
Daysi Ureña, médico general de la Clínica Hikma y quien forma parte de la red médica de MediSmart, aclara qué es la enfermedad, cómo afecta a las personas y la importancia del tratamiento.
Lo que debe saber:
- Es una enfermedad inflamatoria de las vías respiratorias crónica, pero controlable que puede afectar a cualquier persona.
- Las alergias y el asma están estrechamente relacionadas.
- No todos los ejercicios provocan crisis.
“El asma es una enfermedad crónica inflamatoria de las vías respiratorias, asociada a una presencia de hiperreactividad bronquial y obstrucción de la vía aérea”, detalló Ureña.
Durante una crisis asmática ocurren tres procesos principales: la inflamación de la mucosa bronquial que es donde las paredes internas se inflaman, luego se da el broncoespasmo - hiperreactividad bronquial, aquí los músculos alrededor de los bronquios se contraen y estrechan las vías respiratorias.
Como consecuencia, se da la obstrucción bronquial por aumento de moco lo que produce una mayor cantidad de secreciones que dificultan el paso del aire. Todo este conjunto de procesos provoca dificultad para respirar y reduce la entrada de oxígeno a los pulmones.
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Entre los factores que más comúnmente provocan ataques asmáticos destacan el polvo, el polen, el humo del cigarro, la contaminación ambiental, los cambios bruscos de temperatura, las infecciones respiratorias y el contacto con pelo de animales.
Existe una estrecha relación entre el asma y las enfermedades alérgicas, como la rinitis alérgica, la dermatitis atópica y la alergia al polvo o al polen.
Para diagnosticar el asma, Ureña explica los pasos:
- Se realiza una espirometría que mide cuánto aire puede expulsar una persona y la velocidad con que lo hace.
- Luego la prueba broncodilatadora: Se realiza otra espirometría después de administrar un medicamento inhalado para observar si mejora la respiración.
- Test ejercicio positivo: disminuye velocidad de expiración posterior a actividad física.
- Medición del flujo espiratorio máximo: Evalúa la capacidad de expulsar aire rápidamente.
- Radiografía de tórax: Suele ser normal, sin embargo, en casos graves puede mostrar hiperinsuflación pulmonar. Se utiliza principalmente para descartar otras enfermedades respiratorias.
“Uno de los aspectos más importantes en el manejo de la enfermedad es diferenciar entre los inhaladores de rescate y los de control. Existen inhaladores de rescate, que alivian las crisis, y de mantenimiento, que previenen ataques diarios”, explicó Ureña.
Incluso, advierte que abandonar el tratamiento puede tener consecuencias graves, como hospitalizaciones frecuentes, infecciones respiratorias recurrentes, disminución permanente de la función pulmonar e incluso insuficiencia respiratoria.

Además del tratamiento médico, mantener hábitos saludables es fundamental para controlar la enfermedad. Ureña recomienda evitar el humo del tabaco, mantener una buena higiene en el hogar, ventilar las habitaciones, reducir la humedad y vacunarse contra enfermedades respiratorias como la influenza.
Las crisis frecuentes de asma alteran el sueño, limitan la actividad física y afectan el desempeño escolar y laboral. Además, muchos pacientes desarrollan ansiedad o temor constante a sufrir episodios de dificultad respiratoria.
Los síntomas más habituales del asma incluyen tos persistente, silbidos en el pecho, sensación de opresión torácica y falta de aire. En muchos casos, estos síntomas empeoran durante la noche o al realizar actividad física.
“La presencia de síntomas nocturnos es un indicador directo de que el asma se encuentra descontrolada, traduciéndose en una mayor inflamación activa de las vías aéreas y un riesgo inminente de sufrir exacerbaciones graves que requieran atención médica de emergencia”, comentó la especialista.
