Como en pocos lugares, a las 4 p. m. prostitutas y drogadictos salen sin complejos a deambular por la calle.
Tal vez no son gente peligrosa, pero la imagen de personas desaliñadas y la música de fondo en las cantinas no invitan a circular y entrar a los locales en ese sector de la ciudad de Cartago.
Hablamos de la avenida ubicada al norte del mercado central, considerada “zona roja” por los comerciantes y policías, aunque muchos admiten que ese “rojo” es cada vez menos intenso.
Se trata de un segmento de unos 300 metros donde al menos cuatro cantinas y tres prostíbulos ofrecen sus servicios en medio de relojerías, tiendas, ferreterías y verdulerías, cuyos dueños se declaran afectados en sus ventas.
Y aunque algunos vendedores reconocen un leve incremento de la presencia policial, los agentes aducen que poco pueden hacer pues a nadie se puede impedir caminar por la zona.
Los problemas
Pero tampoco es que no ocurran hechos ilícitos. Marco Tulio Fernández, encargado de una venta de insumos agrícolas, aseguró que ya ha sufrido robos en su negocio.
Incluso, dijo que sus clientes han perdido la mercancía que dejan en el cajón del carro para entrar a comprar.
Los hermanos Leo y Hugo Cordero también recuerdan el robo del que fue objeto la relojería de la familia. Desde entonces colocaron un incómodo y seguro portón.
Para Leo Cordero, la cantidad de prostitutas y de adictos al licor y a las drogas que deambulan por esta avenida es “un récord”, así como el número de bares.
“Hay inseguridad como en cualquier otra zona, pero lo que hay es prejuicio porque, claro, ¿a quién le va a gustar transitar por donde hay tanta gente así?”, expresó Rafael González, dueño de una tienda de mascotas.