El País

Ticos y nicas no se conocen

Lo enviaron a bailar con una de las más difíciles. Sí, porque la Embajada en Managua es una de las delegaciones diplomáticas más importantes de nuestro país, dada la naturaleza de las relaciones bilaterales.

"Vine acá con instrucciones de tender puentes (...) de mejorar la imagen del país", explicó el veterano diplomático Édgar Ugalde Álvarez, quien se apresta a retornar a San José esta semana, después de permanecer seis años como embajador en Managua.

Su sustituto es el Javier Solís, otro exdiputado, quien acaba de dejar el cargo de embajador en España.

Los amplios atestados académicos que respaldan la carrera diplomática de Ugalde y la experiencia en varios destinos, impulsaron al gobierno del presidente José María Figueres a designarlo, en 1994, en Nicaragua. Y por la misma razón, Miguel Ángel Rodríguez lo mantuvo.

La salida de Managua no implica su alejamiento del campo de la política. Por el contrario, regresa como asesor del canciller Roberto Rojas.

En Managua, Édgar Ugalde –oriundo de La Vieja, cantón de San Carlos– ha debido afrontar y sortear los periódicos resfríos de los vínculos entre Nicaragua y Costa Rica. También ha sido testigo de los prejuicios y medias verdades que se manejan a nivel popular y que afectan la armonía y el entendimiento mutuo.

Ugalde habló por teléfono, el martes anterior, con La Nación. Hizo un repaso de su experiencia en la tierra de Rubén Darío y analizó los factores emocionales que dividen a nicaragüenses y costarricenses.

"Hay una confusión"

–Al terminar seis años como embajador en Managua, háganos un balance de su gestión diplomática.

–Es difícil de contestar, pero intentaré una evaluación personal.

"Vine acá con instrucciones de tender puentes, de aumentar la presencia de la embajada en la medida de lo posible, participando en diferentes actividades para mejorar la imagen del país".

No escatimó tiempo para tomar parte en convivios sociales, encuentros en universidades e invitaciones para dictar charlas en cuanto foro fuese importante exponer las posiciones de Costa Rica. "Siempre los temas centrales fueron la integración centroamericana y el río San Juan".

Y sobre este cauce –en torno al cual persiste una disputa por la navegación de policías ticos armados, que Managua prohibió en julio de 1998–, "hay una confusión que no se ha podido aclarar suficientemente. Se presenta (lo del San Juan) como una diferencia territorial y fronteriza; es un problema de interpretación de los instrumentos jurídicos internacionales (Tratado Cañas-Jerez, Laudo Cleveland y sentencia de la Corte Centroamericana de Justicia)".

–Las relaciones han estado salpicadas de incidentes y afectadas por mutuos recelos añejos. ¿Cómo analiza los nexos?

–Aquí, la susceptibilidad está a flor de piel. El estado de las relaciones no corresponde a la intensidad entre los vínculos entre personas de los dos países.

"Son muy comunes los matrimonios y uniones libres entre gente de ambos lados y es difícil hallar una familia tica que no tenga una gota de sangre nica. Por otro lado, está la histórica afluencia de nicaragüenses a Costa Rica, por el atractivo que sobre ellos ejerce nuestro país.

"Ese atractivo debería permitir un amplio conocimiento mutuo, para neutralizar los malos entendidos, los prejuicios y las incomprensiones. En la realidad no existe. Se habla mucho, pero no nos conocemos; es una gran paradoja".

El embajador lamentó que esa vecindad, aunada también al hecho de que nuestro país ha servido de refugio, en diferentes momentos, a connotadas figuras literarias y políticas de Nicaragua, no haya servido para fomentar un mejor clima.

Y enfatizó: "Centramos la atención en cosas que nos dividen. No hemos sido constantes en atacar los problemas. Vamos a ser vecinos por siempre, pero carecemos de una visión de futuro; se nos olvida que lo que suceda en un país afecta al otro. Somos un matrimonio.

"Actitudes de menosprecio"

–¿Es tan difícil el manejo de las relaciones entre Costa Rica y Nicaragua o es que hay sectores y actitudes que se empeñan en complicarlas?

–Hay de todo un poco. No hay que olvidar que las relaciones internacionales siempre se ven afectadas por lo que está ocurriendo internamente, y la realidad política local puede incidir en esos vínculos.

"Se dan actitudes (allá y acá) de menosprecio, cuya respuesta es el resentimiento y, en consecuencia, el entendimiento y la comprensión se ven obstaculizadas".

–Usted ha mantenido una relación abierta con los medios de prensa de Nicaragua. ¿Percibe alguna mejoría en la percepción y evaluación de ellos sobre las posiciones ticas en relación con Managua?

–Mi relación con los medios ha sido muy intensa y positiva. Es una labor permanente y en esto he recibido una gran colaboración del agregado de prensa, Luis Fernando Villalobos.

"Algo ha ayudado ese contacto, aunque no en el grado deseado. Es un campo que hay que seguir sembrando".

Édgar Ugalde reconoció que ese esfuerzo no ha bastado para contrarrestar prejuicios muy arraigados entre la población, como que "Costa Rica es un país expansionista y anexionista. Con frecuencia se habla de la voracidad tica", y el fondo de esta creencia yace en la incorporación del Partido de Nicoya –en 1824– a nuestro país.

(Además, la disputa por la navegación de la policía costarricense en el río San Juan ha atizado un nacionalismo que apunta a reforzar lo anterior).

–Desde mediados de 1998, las relaciones se han "sanjuanizado" y otros temas importantes en la agenda bilateral han quedado relegados por ese conflicto. ¿Vislumbra una pronta solución? ¿Cree que sea posible en un año electoral en Nicaragua?

–No es fácil. En el período electoral en ambos países el escenario se vuelve más difícil. Eso no significa que no haya que esforzarse por encontrar una mejor relación.

"Para mí, el problema del San Juan es como el corcho de la botella de vino, que cuando se rompe, antes de sacarlo de la botella, dificulta poder tomar la bebida.

"Pero la agenda binacional es riquísima. Es urgente entrarle al tema de la migración, que supera las posibilidades de un país pobre como el nuestro.

"También están pendientes el turismo, el comercio, las inversiones, el desarrollo fronterizo... una agenda riquísima a la que no se ha dedicado el tiempo necesario".

El embajador saliente advirtió también sobre el riesgo de que tanto en Costa Rica como en Nicaragua se caiga en la tentación de explotar, con fines electorales, las diferencias bilaterales.

Y en este sentido no descartó que el proyecto de ley que alista la Cancillería de Managua, para regular la navegación policial tica en el río, pueda entrabarse en la Asamblea Nacional y haya que esperar hasta que asuma el sucesor del presidente Alemán.

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.