Una señora vestida de rojo y con minifalda negra se sienta a la barra de un bar josefino, cruza la pierna y cuenta: "Trabajo en un bar y a diario tomo cantidades de cerveza. Cuando no tomo es porque no tengo plata, pero si alguien me invita, no me niego. Me gusta... me siento alegre".
Desde los 17 años comenzó a tomar cerveza. Hoy tiene 38 años y siete hijos. Heredó de su padre el peligro de convertirse en alcohólica, "pero yo no lo soy. Sí me gusta el trago, pero no me desespero por tomar".
"En mis ratitos libres me da por refrescarme". Levanta la botella de cerveza y sorbe un trago profundo. Al día siguiente hizo lo mismo para quitarse la resaca.
Esta mujer, quien el viernes pasado se encontraba "refrescándose" cerca de la antigua estación de El Pacífico -en San José-, forma parte de la mayoría de los costarricenses que, aunque lo nieguen, no saben beber.
En Costa Rica, el consumo per cápita de licor durante 1996 fue de 4,01 litros anuales, seis veces menos que en Francia. Pero a diferencia de ese país, en Costa Rica hay seis veces más alcoholismo. La diferencia está en cómo se toma.
En los países latinoamericanos, las personas toman más en menos tiempo con el fin de embriagarse, contrario a lo que sucede en regiones de tradición vinícola, donde se bebe por costumbre.
La embriaguez no se reduce a "caer al piso", sino que va desde la sensación de calor leve, una ligera extroversión y placer hasta grados distintos de intoxicación.
El problema de cómo bebe el tico no se limita a la resaca ("goma"). El consumo excesivo y veloz de licor puede tener serias consecuencias para la salud.
"Rápido, que se acaba"
Si bien los ticos se pueden abstener de beber durante días, una vez que se sientan a una mesa de tragos comienzan a tomar "como si se fuera a acabar el alcohol", explicó Julio Bejarano, jefe de investigación del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA).
Destacó que alrededor de un 17 por ciento de la población costarricense (entre alcohólicos y bebedores excesivos), una vez que se toma la primera copa no puede detenerse durante el resto de la noche.
Según Bejarano, un consumo "sano" consiste en no embriagarse. "La moderación se refiere a una conducta rigurosa, centrada no solo en cuánto se bebe, sino en cómo".
No obstante, el médico Steven Krogel, director general del IAFA, alertó que quienes tienen familiares alcohólicos deben ser aún más precavidos.
"En una persona con predisposición a la diabetes, aun si consume niveles de azúcar como el resto de la gente, el peligro de desarrollar la enfermedad es mayor. De igual forma, una persona sin predisposición pero que consume más azúcar de la cuenta, también generará diabetes. Con el alcoholismo es igual", aseguró.
Una por hora
C.A.M., de 20 años, toma desde los 14 años. El viernes pasado, fanfarroneaba de haberse bebido 12 cervezas en una hora. "Me gusta sentirme hasta que no puedo más". En su euforia, exigía la publicación de su nombre completo y hasta la dirección.
En tan solo una hora lanzó 11 balazos de exceso al cerebro, pues el cuerpo humano sólo tiene capacidad de metabolizar una onza de licor o una cerveza por hora.
Cuando se excede esa proporción, el alcohol pasa a la sangre y comienza un viaje por las venas hasta el cerebro. Allí, pasa hacia la masa cerebral, donde disuelve las grasas que, junto con las proteínas, conforman lo que se conoce como materia gris.
Esto convierte a los llamados "buenos para tomar" en los peores, pues para sentir el mismo efecto que un "mal tomador" requieren consumir más en menos tiempo, y por ende, los efectos en su cerebro son mayores.
Además, de acuerdo con el director general del IAFA, Steven Kogel, en el país no se acostumbra usar la medida. "Se sirve el chorro directamente al vaso, y ahí puede ir una, tres o cuatro onzas de alcohol en un solo trago".
En 1996, hubo 173 muertes relacionadas con el licor. De ellas, el 51,4 por ciento se dio por daño hepático alcohólico. Es decir,
"Yo padezco del páncreas por culpa del licor, y el médico me dijo que no tomara más, pero yo sigo tomando porque me gusta", afirmó C.A.M.
Como este joven, la mayor parte de los costarricenses mantiene una doble moral respecto del licor, explicó Bejarano. "Cualquier persona admite que tomar y embriagarse es malo, pero la mayor parte de quienes lo afirman toman y se embriagan".
De hecho, se trata de un problema cultural pues en Costa Rica se "premia la embriaguez y se la considera una señal de paso entre la infancia y la madurez".
"Debería promoverse una política de moderación, pero la gente va a creer que uno está sugiriendo que tomen", admitó Bejarano.