
Estar pendiente del reloj para ahorrar electricidad no convence a los clientes de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), que cubre al 40% de la población.
La tarifa residencial horaria que abarata el precio de la luz si usted apaga la cocina, la lavadora y la plancha en las "horas pico" sedujo apenas a 1.400 familias en los últimos 17 meses.
Esta cifra equivale al 0,75% de los 185.000 clientes residenciales de la CNFL que consumen más de 300 kilovatios hora al mes (kw/h).
Los datos no satisfacen a la empresa, que implementó la medida desde febrero del 2004 y compró 5.000 medidores digitales para responder a la demanda de clientes deseosos de cuidar su bolsillo.
Henry Solís, director comercial de la Compañía reconoció que aún no tienen razones para justificar el poco interés de los ticos, pese a las ventajas de la tarifa residencial horaria.
Las estadísticas de la CNFL demuestran que las familias con un consumo superior a 300 kw/h que se suscribieron a la tarifa horaria ahora pagan entre 7% y 20% menos en su recibo mensual.
Se trata de una rebaja de ¢2.700 mensuales en la factura de un núcleo familiar que hoy gasta 500 kw/h y paga más de ¢14.000.
¿Quién se queda en casa? Henry Solís estimó que una de las posibles causas para no ahorrar depende de quién es el responsable de apagar bombillos y cocinar de noche.
Por lo general, quienes pagan la luz trabajan todo el día fuera de casa y queda en manos de las empleadas domésticas el reto de rebajar el consumo. "A quien no paga el recibo no le duele gastar", dijo Solís.
Es por eso que el director comercial consideró conveniente que sea toda la familia la que se involucre en un plan de ahorro.
Como estrategia, la Compañía de Fuerza y Luz reforzará una campaña en medios de comunicación para promocionar la tarifa.
Además, incluirá información sobre el plan en el reverso de los recibos eléctricos que le llegan a sus 444.000 abonados.
Para suscribirse, un abonado solo tiene que acudir a las sucursales de la CNFL o llamar por el 800-ENERGÍA (800-363 7442).
Un asunto de compromiso. La tarifa residencial horaria varía de acuerdo con la hora en la que las familias realizan actividades como cocinar, lavar o aplanchar.
Quienes se suscriben a este plan pagan ¢10 por kw/h si cocinan entre las 8 p. m. y 6 a. m.
Por el contrario, aplanchar o usar la secadora de ropa en las horas pico o "punta" que van de 10 a. m. a 12:30 p. m. y de las 5:30 p. m. a las 8 p. m. se "penaliza" con una tarifa de ¢53,40 por cada kw/h.
También hay una tarifa intermedia o "valle" que es de ¢21,50 por kw/h si usted usa artefactos eléctricos 6 a. m. las 10 a. m. y de las 12:30 p. m. a las 5:30 p. m.
Mientras, para los abonados regulares la tarifa es de ¢26,10 por cada kw/h en los primeros 200 kw/h; cuando sobrepasa esa cifra, cada uno tiene un precio de ¢44,40.
Para medir el gasto, la Compañía debe instalar en las casas un medidor digital que registra el consumo según las horas del día.
Al final del mes, un funcionario de la empresa registra la información de ese medidor en una pequeña computadora portátil inalámbrica conocida como lector.
Aunque cada uno de estos medidores cuesta $83 (casi ¢40.000), las familias no deben pagar nada por su instalación y uso.
El aparato se coloca en un lugar visible a la entrada de la casa y si el cliente así lo desea, se queda ahí por un período de prueba de tres meses.
Durante ese tiempo la familia analizará si es capaz de someterse a nuevos horarios y podrá ver su avance en los sucesivos recibos.