En marzo de 1998 se publicó en La Gaceta un anteproyecto para elaborar un reglamento técnico para regular la producción. Sin embargo, aún no se ha publicado el texto definitivo.
Entre tanto, la tapa de dulce sigue saliendo al mercado sin que se establezcan controles mínimos en su elaboración, lo cual preocupa a algunos especialistas del Ministerio de Salud, ya que se emplean aditivos químicos para blanquear el producto, lo que podrían afectar al ser humano.
Norma Fernández, directora regional del Ministerio de Salud en Puriscal opinó que se debe prohibir el uso de hidrosulfito de sodio en alimentos, pues investigaciones indican que podría contener sustancias cancerígenas.
Este criterio también lo apoya Juan Manuel Cordero, coordinador del Programa de Modernización de la Industria del Dulce, del Consejo Nacional de Producción.
Por el contrario, Jennifer Lee del Departamento de Controles y Medidas del Ministerio de Salud, y Laura Ulate, coordinadora de Reglamentación Técnica del Ministerio de Economía, sostienen que el empleo de aquella sustancia no debe prohibirse, sino regularse.
"El problema es que los trapicheros no miden la proporción utilizada de hidrosulfito y en la mayor parte de los casos, estos clarificantes no cuentan con la calidad necesaria para emplearse en productos para el consumo humano", declaró Lee.
A puro ojo
La importancia de contar con un reglamento para regular la producción de las tapas de dulce radica en el hecho de que los productores continúan haciéndolas con prácticas tradicionales.
Los dueños de trapiches, afirmó Cordero, no cuentan con tecnología necesaria o mínima por ejemplo, básculas especiales para medir la proporción que emplean del hidrosulfito de sodio. "Por eso debe prohibirse ", recalcó.
A juzgar por la experiencia de la Asociación de Productores de Dulce de Jaris de Mora e Industrias Don Elías, en Pozos de Puriscal, ese producto puede ser sustituido por aditivos naturales.