
Santa Lucía de Venado (San Carlos). Quizás es la escuela del país donde hay menos bulla. Dentro y fuera de sus dos aulas –una de ellas cerrada– la quietud y el silencio son casi absolutos.
Sin discusión, el centro educativo de Santa Lucía de Venado, en San Carlos, se sale de lo común, pues solamente tiene una maestra y una alumna.
Es tan solitario como el pueblo en donde está, en el que solo viven 23 personas.
Rocío Alvarado, coordinadora nacional de Escuelas Unidocentes –de un solo maestro– del Ministerio de Educación Pública, dijo estar casi segura, aunque sujeto a confirmación, de que este es un caso único en Costa Rica.
Sonia Hernández Víquez, licenciada en Educación nacida hace 24 años en San Rafael de Guatuso, es la maestra.
Yeimi Pérez Solís, de 9 años y quien cursa el cuarto grado, la única alumna.
Sonia, madre de dos niños, extraña el bullicio del Colegio Nocturno de Guatuso, en el que laboró el año pasado.
Su jornada ahora se inicia a las 7 a. m. y termina a las 2:30 p. m. Dice estar entusiasmada con la nueva experiencia, ya que le permite dedicar tiempo completo al aprendizaje de Yeimi.
¿Con quién?
Sin embargo, la niña resiente la ausencia de compañeritos con quienes compartir en el aula y jugar en los recreos.
“Lo bueno de esto es que ahora pongo bastante atención en clase. Lo malo es que unos libros dicen que algunos temas debo comentarlos con los compañeros y yo pregunto: ¿Con cuáles compañeros?”, manifestó entre risas.
La escuela de este pueblo se abrió en 1964 con matrícula de 25 alumnos, la cual aumentó el doble en los años 80.
Pero el cierre, en la década pasada, de algunas fuentes de trabajo, estimuló la migración de varias familias, al extremo de que el año pasado solo había tres alumnas –dos de las cuales terminaron el sexto grado– y así la otra, Yeimi, quedó sola.
Aparte de ella, en Santa Lucía viven otros cuatro niños, de los cuales para el 2005 solo uno tendrá la edad mínima exigida para ingresar a primer grado.
Rocío Alvarado aseguró que el centro educativo seguirá abierto aunque al Estado le resulte muy caro.
“Es nuestra obligación garantizar la educación a todos los niños del país”, dijo la representante del MEP.
Por eso, Sonia Hernández dice tener claro que esa posición del MEP la obliga a dar lo mejor de sí. “Tengo que demostrar con muy buenos resultados que vale la pena pagar un salario para enseñar a solo un alumno”, agregó.
“Si no fuera por el apoyo del Gobierno a la educación, nuestra hija se habría quedado sin aprender a leer y escribir, pues la escuela más cercana está en La Tigra de Venado, a casi 15 kilómetros de nuestra casa”, declararon con orgullo los padres de Yeimi.