
Sarchí, Valverde Vega. Hace pocas semanas, María Virginia Barrantes Morera estuvo a punto de sufrir un paro cardiorrespiratorio.
A un lado de su casa está la mueblería de su esposo, Luis Manuel Montero Murillo.
Barrantes relató que una tarde tuvo muchas dificultades para respirar y tenía una sensación de ahogo, por lo que de inmediato fue llevada por un familiar al Hospital San Francisco de Asís de Grecia.
En ese centro hospitalario Barrantes permaneció internada durante una noche.
Los médicos le advirtieron de que en el taller familiar no pueden utilizar más las lacas para los muebles, pues la próxima vez que ella esté en contacto con esos químicos podría sufrir un infarto.
“En realidad iba muy mal, se me cerraron los bronquios y no podía respirar. Creí que iba a morir, pues no podía soportar más la sensación de asfixia”, comentó Barrantes.
Desde ese día, su esposo no realiza el proceso de laqueado de los muebles en el taller familiar, sino que le paga al dueño de otro taller para que le haga ese trabajo.
“Mi esposa llegó casi muerta al hospital porque se estaba ahogando y hasta perdió el conocimiento. En el hospital lo primero que hicieron fue darle oxígeno. Ella no padece por el polvo de la madera, sino por las lacas”, afirmó Montero.
Peligro. Este artesano también ha afectado su salud debido a su actividad económica.
Incluso tiene un inhalador en su taller, en caso de sufrir algún problema respiratorio.
“Ahora coloqué un extractor para recoger la ‘borucha’ de la madera y también utilizo mascarilla para trabajar y así tener protección”, puntualizó Montero.
Mariano Rojas, uno de los propietarios de la fábrica de muebles y mecedoras Los Cuyos S. A., reconoció que sufre ataques de asma si está cerca de un lugar donde utilicen lacas para los muebles.
“Cuando aquí en el taller se laquea, tengo que irme porque me hace mucho daño, principalmente durante los días en que llueve”, aseguró Rojas.