Sander Reyes se graduó del colegio y trabaja en un bufete de abogados. Pronto, es posible que también estudie Derecho. Hace unos años, sin embargo, esta posibilidad se veía muy lejana para este muchacho de 19 años.
Él y sus siete hermanos viven en ciudadela La Carpio, en La Uruca, San José, de cuyos peligros y tentaciones siempre trató de mantenerse alejado.
Por eso, desde los siete años, Sander se arremangó la camisa para trabajar en carnicerías, cogiendo café y hasta dando tutorías. Todo sin dejar de estudiar, pese a muchas complicaciones.
Aún tiene fresco el recuerdo de llegar su casa y encontrar la puerta cerrada con candado, frente a la que debía esperar hasta que su mamá regresara de los dos trabajos que tenía para poder mantenerlos.
Su historia pudo haber sido muy diferente, de no haber contado con el respaldo de la Fundación Acción Joven (FAJ), de la que ahora también es voluntario.
Esta organización crea alianzas entre colegiales, profesores y estudiantes universitarios con la idea de combatir la deserción.
Las herramientas son muchas y muy diversas. Van desde recordatorios en mensajes de texto hasta préstamo de cuadernos y dinámicas de motivación en clase.
Es así como han logrado apoyar a 10.140 estudiantes a lo largo de seis años. También 1.770 profesores y directores han recibido asesoría para mantener a los alumnos en las aulas.
Se trata de una labor conjunta de la Fundación, el Ministerio de Educación Pública (MEP) y de 678 jóvenes que ayudaron a colegiales a estudiar, como trabajo comunal universitario.
En este momento, esas alianzas están presentes en 10 colegios públicos del país; el Liceo Julio Fonseca y el Liceo Napoleón Quesada, en San José; seis centros educativos de Guanacaste; el Liceo de Chacarita, en Puntarenas y el Colegio de Pacuare, en Limón.
Los resultados de este esfuerzo son visibles. Por ejemplo, en el Liceo Julio Fonseca, de La Uruca, desde que la FAJ comenzó su labor, el abandono de los muchachos de las clases pasó de un 26% a un 5,2%.
En el 2008 (cuando FAJ no había llegado a este colegio), desertaban 270 muchachos de sétimo y décimo. El año pasado solo se fueron 24.
Una situación similar ocurrió en el Liceo Napoleón Quesada, pues en el 2008 dejaron los estudios 88 jóvenes. En el 2011, luego de tres años de respaldo de la Fundación, el número bajó a 21.
Pendiente A pesar de los buenos resultados en esos centros, la lucha contra la deserción no se detiene.
De acuerdo con las estadísticas del MEP, e l año pasado dejaron de estudiar el 11% de los 352.000 colegiales. En el 2010, lo hizo un 10,2%.
Como lo reconoció el titular de Educación, Leonardo Garnier, la deserción creció por primera vez en seis años, situación que se debe revertir con prontitud.
Según el último informe del Estado de la Educación, los niveles donde se da mayor abandono son sétimo y décimo.
El origen. En un intento de ayudar a los estudiantes de 10 colegios ubicados en zonas de riesgo social, la FAJ se interesó en indagar las razones que podrían llevar a un muchacho a dejar el colegio.
Cynthia Bonilla, de Comunicación de la Fundación, explicó que los adolescentes sienten que el colegio no se interesa por ellos, pues desconoce sus realidades y, a veces, los profesores ni siquiera saben sus nombres.
Por esa razón, el mensaje que pretende llevar es que hay personas que se interesan por ellos, entre estas, sus propios compañeros.
Ese fue el espíritu del grupo autodenominado El Cuartel, que formaron nueve alumnos del Liceo Julio Fonseca.
“¿Por qué no vino a clases?” o “¿Necesita que le lleve algún cuaderno?” están entre los mensajes de texto con que el grupo mantuvo a sus compañeros tras el pupitre.
Estos estudiantes, liderados por Sander Reyes, fueron de gran ayuda para los coordinadores de FAJ.
“Monitoreábamos a los compañeros que no llegaban a clases, los animábamos a seguir”, recordó el joven.
También fue ese espíritu el que evitó que Josseline Fonseca dejara de estudiar.
“Me salí por vagancia y por problemas en la casa. Los de Acción Joven me llamaron y buscaron a compañeros que me presten cuadernos”, contó la joven, vecina de León XIII, en Tibás, San José.
Estrategias. También entre las lecciones de Matemática y Español, se reserva un momento para hablar de Acción Joven.
Un juego de monopolio gigante se extiende sobre el piso del aula de la 7-6 del Napoleón Quesada. Aquí, los retos son diferentes: se trabaja en equipo, identificando ventajas y retos de seguir estudiando.
“Se hacen dinámicas para que sean los chicos quienes nos digan lo que quieren del colegio”, explica Alejandra López, coordinadora de Proyectos de la FAJ.
Para Isabel Román, coordinadora del Informe del Estado de la Educación, esta atención personalizada es la que hace la diferencia.
En Guanacaste, Limón y Puntarenas las estrategias de la FAJ deben considerar otras situaciones.
“En estas zonas hay más pobreza. Los chicos caminan una hora para llegar al cole”, dijo Bonilla.
Aquí los profesores de décimo año trabajan con la FAJ en actividades que atraigan a los muchachos. Van desde competencias académicas, hasta venta de gallinas para recaudar fondos.
Los planes son reproducir el modelo de FAJ, con apoyo del MEP, en los cien centros de secundaria que tienen mayor deserción.