
Todos los chiquillos de sexto grado estaban tirados en el piso rayando un papel periódico.
Divididos en grupos, dibujaban sobre una historia que recién habían leído, pero con la libertad de cambiar el final y exponerlo al resto de compañeros.
Esta es una de las tantas dinámicas que usa la maestra Kathia Retana para despertar un insaciable deseo por aprender en sus alumnos de la Escuela Ezequiel Morales, de Piedades de Santa Ana, San José.
La educadora no se para al frente a dar una clase magistral –que puede pecar de aburrida– ni los pone a copiar de un libro, sino que involucra a los alumnos en el proceso de enseñanza. Este fue una de las recomendaciones que tomó de la Asociación Amigos del Aprendizaje (ADA) .
Los escolares investigan sobre geografía e historia, resuelven ejercicios de Matemática con juegos y se divierten en Ciencias a punta de experimentos. Los últimos 15 minutos de la clase son para aclarar dudas y atar cabos sueltos.
Sin embargo, la creatividad pega contra una pared cada vez que llega el período de exámenes, que se hace dos veces cada trimestre.
El Reglamento de Evaluación de los Aprendizajes del Ministerio de Educación Pública (MEP) no permite sustituir una de esas pruebas por trabajos más dinámicos.
Por ello, muchos escolares y colegiales lo que hacen es memorizar contenidos para contestar bien, aunque a los pocos días no recuerden nada del tema, opinó Francisco González, vicerrector académico de la Universidad Nacional (UNA).
“Está más que demostrado que en las pruebas acumulativas el contenido solo se sobreaprende, pero no se interioriza; entonces, la curva de olvido es más rápida. Hay grandes esfuerzos para aprender temas específicos y luego se abandonan”, explicó González.
Retana tiene eso claro, pero debe apegarse a las normas del MEP.
“Cambié la forma de dar clases, para que no sea solo escribir ni copiar, sino con carteles, exposiciones y diferentes materiales que buscan en Internet”, dijo.
“(Debe) ser una evaluación más de construcción, de elaboración de proyectos para que el muchacho aplique el aprendizaje”, señaló Ana Lupita Chaves, decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Por su parte, Juan Manuel Esquivel, especialista en evaluación y uno de los creadores de las pruebas de bachillerato, sostiene que el reglamento hace énfasis en medir lo que el alumno vio en clase, sin lograr una verdadera evaluación.
Esquivel considera que los exámenes deben permitir al estudiante producir una respuesta y no solo marcarla. Citó, como ejemplo, que tenga una semana para resolver el diagnóstico en su casa.
Pese a las críticas, Rocío Torres, jefa del Departamento de Evaluación del MEP, defendió el sistema, que da un peso a las pruebas según el nivel cursado.
“Si el docente se queda pensando que evaluar es igual que medir, estamos mal, porque esa idea va a condicionar su práctica pedagógica. Si para él evaluar es hacer una prueba en el aula, me quedaré desarrollando contenidos para medirlos en esa prueba”, opinó Torres.
Paola Ucceli, profesora de la Universidad de Harvard, cree que evaluar es un proceso integral con la enseñanza; es decir, que se evalúe mientras se instruya y se instruya cada vez que se evalúe.
“La profe hace que las lecciones sean más divertidas, nos gusta mucho dibujar y uno se enfoca más en el tema. Para nosotros Matemática es como un juego”, contó.
Alumnos de otros centros abogan porque también se utilicen otras herramientas para medir su aprendizaje.
Por el momento, los profesores de Cívica , Música, Artes Plásticas y Educación Física ya pueden echar mano a otro tipo de evaluaciones. Pronto podría ocurrir lo mismo con Matemática , si se aprueba el cambio en el programa de estudio.