
La Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) apaga las turbinas de sus plantas hidroeléctricas al menos una hora por semana, para recoger cientos de toneladas de basura que se acumula en los embalses.
Esa pérdida de potencia y la energía que no se genera durante los períodos de limpieza provoca un perjuicio para la institución que ronda los ¢1.600 millones anuales.
Según Jorge Blanco, jefe de producción eléctrica de la CNFL, la hidroeléctrica Brasil, en Santa Ana, es la más afectada por la cantidad de desechos que arrastra el contaminado río Virilla.
Silvia Carvajal, bióloga en el departamento de recursos naturales de la Compañía, confirmó que en el primer semestre del año al embalse de Brasil llegaron 914 toneladas de desperdicios.
Esa cifra representa el 83% de las 1.105 toneladas de basura que recogió la CNFL en todas sus plantas metropolitanas: Brasil, Electriona, Belén, Río Segundo y Nuestro Amo.
Los despreocupados vecinos de la cuenta se han encargado de convertir al Virilla en un botadero flotante. Por eso no es sorpresa que en la represa de Brasil usted encuentre llantas viejas, armarios, roperos, respaldares de cama, colchones, tablas y millones de botellas plásticas y bolsas.
En detalle. Jorge Blanco explicó que solo en Brasil la CNFL deja de percibir ¢80 millones mensuales por la pérdida de potencia y la energía que no se genera cada vez que se apagan las turbinas.
El monto de las pérdidas crece a ¢137 millones mensuales (¢1.644 millones anuales) si se incorpora el perjuicio sufrido en Electriona (La Uruca) y Belén (Heredia).
En Electriona se pierden ¢22 millones mensuales y en Belén ¢35 millones adicionales por la pérdida de potencia.
El ingeniero explicó que esa cifra mensual incluye el dinero que deja de percibir la CNFL por energía no producida y el dinero que gasta comprándole kilovatios a otra empresa.
“En el momento en que usted para la planta, debe adquirir la energía en otra parte, porque los clientes no se van a quedar sin electricidad”, dijo Blanco.
Eso significa que debe comprar energía al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) a un precio superior al de sus costos de producción. Mientras un kilovatio le cuesta ¢14 a la CNFL, cuando las plantas están apagadas debe comprárselo al ICE a ¢32, en promedio.
Blanco destacó, asimismo, que esta variación de costos no puede trasladarse al consumidor, quien seguirá pagando la tarifa que fija la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep).
Otros riesgos. Guillermo Mena, de la dirección ambiental de la CNFL. dijo que ahora, con el cierre del relleno sanitario de Río Azul (La Unión), más personas optarán por tirar su basura al Virilla y sus afluentes.
“En la medida en que las municipalidades no tengan dónde depositar desechos y desmejoren el servicio de recolección, la gente va a buscar dónde tirar la basura”, agregó Blanco.
Por su parte, el Instituto Costarricense de Electricidad aseguró que sus plantas hidroeléctricas, al estar más alejadas del área metropolitana, tienen menos problemas de basura en los embalses.
Aún así, en lo que va del año el ICE ha recolectado 32 toneladas de desechos en la planta hidroeléctrica Ventanas Garita (Alajuela), que también aprovecha las aguas del río Virilla.
