Con mínimos recursos, pero un enorme capital de voluntad y vocación, el Centro de Integración San Felipe Neri, en Desamparados centro, ya no da para la cantidad de niños con discapacidad que requieren de una atención especializada.
Con la ayuda de la municipalidad local –cuyas autoridades les han facilitado el actual edificio– y el escaso presupuesto dado por el Ministerio de Educación Pública, logran atender 133 niños entre los 0 y los 10 años.
Los recursos no son suficientes para poder darle a los menores la alimentación necesaria y siendo en su gran mayoría pacientes de escasos recursos se ven obligados a traer comida de sus casas.
Este esfuerzo, que para muchos podría ser insignificante, ha ocasionado que muchos de sus progenitores, quienes los acompañan durante las horas de terapia, desmayen de hambre, pues la poca comida que tienen la gastan en la merienda de sus hijos.
“Hemos salido adelante con un gran esfuerzo y por la alta calidad del personal que tenemos. La única forma de poder salir adelante con los niños que tenemos es trabajando en dos turnos y aún así tenemos 64 en espera”, explicó la directora de dicho centro, Ana Isabel Bermúdez.
Un primero turno se inicia a las 7:30 a. m. y concluye a las 10 a. m. y el segundo, arranca a las 10:30 a. m. y termina alrededor de la 1 p. m.
Actualmente reciben infantes de Desamparados centro, Aserrí, Acosta y La Unión, que son las localidades que deben atender por su ubicación geográfica.
En un edificio que no cumple para nada con los requisitos que debe tener un centro para la atención de menores con discapacidad, en algunos casos, muy severas, se brindan terapias de orientación a la familia, psicología y , trabajo social.
Asimismo, allí se ofrece enseñanza especial, fisioterapia, terapia del lenguaje, religión y educación física adaptada.
Un sueño en espera
La esperanza de quienes laboran en San Felipe Neri y sobre todo, de muchas familias cuya única opción es ese centro educativo especial, es que se logre construir un edificio propio con las condiciones óptimas para ampliar la matrícula y mejorar sus servicios.
“Estamos muy agradecidos con la ayuda dada por la Municipalidad. Nos dio este edificio en el que estamos ahora y hasta nos donó una hectárea que colinda con la Villa Olímpica. Ahora faltan los fondos para hacerlo”, añadió Bermúdez.
La construcción de un nuevo local requiere de una inversión de al menos ¢160 millones. Ya se cuenta con el lote, los planos y el diseño del proyecto, pero el dinero es la gran interrogante.
Los resultados positivos de este centro ya son evidentes y ha permitido que muchos niños, que ingresaron con meses de vida, ahora estén incorporados a escuelas cumpliendo los programas de educación formal.
Quienes deseen colaborar con esta obra social, pueden llamar al centro al 259-6220, pues hay varios niños esperando la oportunidad de poder disfrutar de una mejor educación para hacer frente a su futuro.