Se tomaron todo el tiempo que quisieron. Para entrar a la iglesia, rompieron la ventana del baño y una vez que sustrajeron lo más valioso, también se dieron un vistazo por el aula de catecismo y el salón comunal.
Las huellas de esta visita de los ladrones las encontró Guadalupe Rodríguez, sacristana de la iglesia de Fátima de La Ribera de Belén, Heredia, quien llegó al templo a las 7 a. m. para sacar la basura.
Ella fue quien encontró la puerta del costado amarrada con pedazos del mantel, hostias consagradas en el suelo, armarios abiertos y se percató de la ausencia de los calices.
"Donde vi eso, me asusté y salí en carrera a llamar gente", contó la mujer.
De acuerdo con los vecinos, el robo se produjo entre la noche del lunes y la madrugada del martes. Por el momento, la única versión que tienen sobre los sospechosos es la de un joven del lugar quien, la noche anterior, vio a dos hombres observando cuidadosamente el templo.
Según el recuento inicial, los delincuentes se apropiaron de cuatro abanicos, un cilindro de gas, una radiograbadora, parlantes, micrófonos y hasta la alcancía donde se depositan los ¢20 que cuesta cada velita.
"De ahí no pudieron llevarse nada; yo saqué el dinero el sábado", detalló la sacristana.
Pero lo que más les duele y preocupa a estos fieles es la sustracción de los tres calices, dos coponas y la patena (plato para consagrar), que aparte de estar recubiertos de oro y plata, son muy importantes para la celebración de las misas.
Aquí el sacerdote de la parroquia de Belén solo llega a realizar los oficios religiosos los domingos en la mañana, por lo que el próximo también tendrá que traerse prestados estos implementos.
Para los miembros de esta comunidad, la única explicación es que los responsables de la sustracción son drogadictos que roban para mantener su vicio. Los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Heredia desconocían, hasta ayer en la tarde, estos hechos.