Rompiendo con el pasado y dando paso a un diseño fresco para recibir el nuevo siglo, el cantón de Tibás cuenta, desde el sábado pasado, con uno de los parques más atractivos del área metropolitana.
Terminar con el aspecto de abandono y desorden en el centro de la ciudad fue una decisión tomada por el anterior Concejo de ese cantón y para el 18 de agosto de 1997, el arquitecto municipal Javier Chan, estaba dando los primeros movimientos en el corazón de la ciudad.
Ese día iniciaron los trabajos de reconstrucción. Sin embargo, el diseño del proyecto hasta llegar al ambiente campestre colonial que se logró, demoró casi cuatro meses para conseguir el concepto esperado: una zona liberada y placentera dentro de la ruda ciudad.
El proyecto, que mide 7.200 metros cuadrados, fue inaugurado oficialmente el sábado 12 de agosto a las 9 a. m., gracias al trabajo de 28 peones que durante un año se dedicaron a cambiar la imagen del corazón de Tibás.
Quizás una de las características más importantes del diseño es que permitió mantener los 31 árboles que existían en el antiguo parque.
Usted podrá caminar entre senderos que rompen la monotonía del cemento bajo la sombra de sauces llorones, laureles de la india, palmeras y araucarias, entre otros.
"Solo en áreas verdes como es el zacate y la vegetación que se sembró, pues aparte de los árboles existentes se sembraron 15 más, se invirtieron aproximadamente ¢3 millones", recalcó el arquitecto Chan.
El costo inicial de la obra fue de ¢75 millones, pero finalmente terminó en casi ¢100 millones, pues en su desarrollo se fueron variando los diseños para dar más comodidad a los usuarios.
"Sin lugar a dudas, la reconstrucción de este parque se debe a su pueblo. Fueron los tibaseños los que hicieron posible, con su contribución, la conclusión de esta obra", recalcó Angela Espinoza Ortiz, miembro de la comisión creada para desarrollar el proyecto.
Con visión futura
Sin alejarse de la presencia natural, con grandes espacios abiertos y un pequeño anfiteatro, el nuevo parque permitirá que todos sus vecinos puedan disfrutarlo sin barreras.
"Se pensó en todo tipo de personas y para ello se crearon áreas infantiles, sin que esto evite que cualquier adulto pueda sentarse a disfrutar de un libro. Pero lo más importante es que el diseño permite a personas con limitaciones físicas recorrerlo por completo", añadió Chan.
Ciertamente, el parque posee rampas de acceso en todos sus extremos e interiores, incluso hasta llegar al pozo central, que también fue rediseñado con un arco que armoniza con la fachada de la iglesia de Tibás.
Además, para servicio de los usuarios cuenta con dos pilas de teléfonos de seis unidades cada una, en los extremos sur y norte del parque, de tal forma que no rompen con el follaje verde.
Asimismo y para no abandonar el concepto de aseo, todos los basureros se confunden con las largas jardineras multicolores. "Queremos que la gente realmente lo disfrute", concluyó el arquitecto.