
Las personas con discapacidad que utilizan las rampas de los autobuses podrían estar exponiéndose a un grave peligro.
Actualmente no existen controles por parte de las autoridades para verificar si estas funcionan de forma adecuada.
Por ende, la rampa podría venirse abajo, trabarse o partirse en dos mientras un pasajero en silla de ruedas está sobre ella.
La empresa encargada de la revisión vehicular, Riteve SyC, está imposibilitada de revisar el funcionamiento de las rampas.
Funcionarios de la entidad señalaron que el manual de revisión del Ministerio de Transportes y Obras Públicas (MOPT) no estipula dicha verificación.
Por eso, Riteve se limita simplemente a chequear si los buses tienen la rampa o no.
La Ley 7600 de Igualdad de Oportunidades, que entró en vigencia hace 12 años, estipula que el transporte público debe contar con rampas para el acceso de las personas con discapacidad.
El MOPT ha dado varias prórrogas a este requisito; sin embargo, actualmente es obligatorio que el 15% de la flotilla de buses de cada empresa cuente con ese sistema de acceso.
Pese a ello, el estado de las rampas es todo un misterio.
Riesgo. Hace dos semanas, la joven Andrea Vargas experimentó los riesgos de la falta de control en cuanto a estas rampas.
Ella, que se desplaza en una silla de ruedas, bajaba de un autobús utilizando la rampa, pero esta, en lugar de bajar, subió e hizo que la joven cayera al piso.
Vargas interpuso la denuncia y criticó la vulnerabilidad que afronta la población en silla de ruedas.
Cambios. La viceministra de Transporte, Viviana Martín, reconoció la falla: “No tiene sentido que los buses tengan rampas si no podemos cerciorarnos de que estas funcionen”.
Martín indicó que una comisión interdisciplinaria está trabajando en una serie de variaciones al actual manual de la revisión, que incluye la verificación del funcionamiento de las rampas.
Los cambios estarían listos en setiembre y entrarían a funcionar en enero del 2009.