El presidente del Tribunal Supremo de Elecciones, Rafael Villegas Antillón, se acogerá a partir del lunes a su pensión luego de 13 años como magistrado del órgano electoral.
Así lo dio a conocer el pasado 13 de octubre a sus compañeros Enrique Meza, Oscar Fonseca y Andrés Benavides al comunicar su decisión de pensionarse.
De 65 años, estudió leyes en la Universidad de Costa Rica. Fue juez penal, civil y de trabajo.
Ingresó al registro electoral en 1953; pasó a jefe de opciones y naturalizaciones y en 1963 y hasta 1982 ocupó el cargo de inspector electoral, y de 1983 a 1985 el de director general del Servicio Civil. De aquí pasó a magistrado y a partir de 1992, es el presidente del organismo electoral. La Corte Plena del Poder Judicial deberá nombrar a un nuevo magistrado, mediante una elección por mayoría calificada.
Como presidente interino del TSE quedó elegido, el pasado viernes, el magistrado Enrique Meza Chaves.
En total, Villegas ha participado en 12 comicios nacionales y ha servido por 45 años en el régimen electoral.
Profesor en la Facultad de Derecho y de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, es miembro del Centro de Investigación y Adiestramiento Político (CIAPA), entidad a la que se integrará de lleno en las próximas semanas.
Dejar el cargo
Los magistrados del TSE emitieron una carta de respuesta, el 10 de noviembre, en que lamentan el retiro y señalan: "La satisfacción de su ejemplar labor cumplida es el mejor galardón que podemos recibir."
Villegas dice que su retiro se sustenta en motivos personales, pero -en su misiva- expresa que como presidente del órgano electoral, superó el ataque "grosero de algunos candidatos y candidatas que representando el sector más pobre de nuestra cultura política hicieron gala, con la complacencia de alguna prensa, de esa triste y disminuida condición".
Líneas antes recordó que lograron en el TSE "mantener el respeto a la institución del sufragio con resultados en extremo ajustados y en condiciones que en otras latitudes hace que se pueda caer en la tentación de impugnar las elecciones (...) Quienes no lograron el voto mayoritario quedaron convencidos de la impecabilidad del procedimiento electoral y de los resultados, lo que llevó con hidalguía a reconocer su derrota y a que el país, al día siguiente, lunes, volviera a retomar su ritmo de trabajo".