Gustavo Arias Retana. 24 noviembre, 2019
Las reuniones se realizan los miércoles de 6 p. m. a 8 p. m. en Heredia. Fotografía José Cordero.
Las reuniones se realizan los miércoles de 6 p. m. a 8 p. m. en Heredia. Fotografía José Cordero.

—¿Por qué está acá?

—El juez me mandó por agresión… pero de palabras, nada de tocarla

Después de esa respuesta el psicólogo Luis Jiménez le preguntó en voz alta a los casi 40 hombres que rodeaban a Antonio (nombre ficticio): “¿Quiénes piensan que si no golpeamos no agredimos?”. Ninguno levantó la mano.

Antonio se rió de forma nerviosa, era su primer día en el grupo de hombres de Heredia, una iniciativa municipal que lleva diez años de trabajar en el desarrollo de masculinidades saludables.

La dinámica en el grupo es clara, casi tribal. La reunión empieza con un espacio de socialización libre que toma unos 30 minutos.

Luego, se le pregunta a los integrantes nuevos por qué están ahí. La mayoría, como Antonio, llegan porque enfrentan denuncias relacionadas con violencia contra sus parejas e hijos, aunque cada vez son más quienes se acercan por iniciativa propia.

Todos dicen su nombre y el número de sesiones a las que han asistido: Wálter 337, César 71 , Hans 87...

Cuando terminan las presentaciones, el psicólogo realiza una pequeña disertación sobre temas como convivencia, sexualidad, manifestaciones de la violencia, género y derechos humanos.

Finalmente, el grupo se divide en subgrupos de unos 10 integrantes cada uno y es cuando empieza el trabajo en el plano personal.

(Video) "Yo le pegaba a las paredes"

Hablar de sentimientos

“Aquí venimos a hablar de sentimientos”, sentencia Sender Herrera, uno de los psicólogos de la iniciativa.

Quizás suene básico, pero los terapeutas tienen claro que lograr que un grupo de hombres desconocidos hablen sobre lo que sienten es un reto mayúsculo.

Por eso la dinámica de trabajo en los subgrupos se centra en que los participantes se expresen, confíen.

“Hay un tema de empatía muy importante, aquí la gente siente que su situación no es única, que hay un montón que han pasado por eso y la escucha de las experiencias de esas personas les da esperanza, tranquilidad y herramientas para poder salir de lo que viven, esa dinámica de grupo es la que permite que se abran y hablen como no lo hacen en ningún otro espacio”, comenta Herrera.

Por ejemplo, en una reunión a la que asistió un equipo de La Nación los integrantes guiaron la conversación hacia cómo los hacía sentir el alcohol y por qué muchos registraban eventos violentos cuando estaban bajo sus efectos.

“Yo lo dejé de hacer por miedo, porque mi bebé me empezó a pedir cerveza", “A mí no me gustaba tomar, pero quería pensar menos, estar tranquilo”, “A mí me irrita todo cuando tomo”, “Nosotros nos emborrachábamos y después no nos queríamos ni ver”.

Las historias de los presentes eran variadas, pero tenían como hilo conductor la violencia y la falta de conexión de los hombres con sus emociones.

Durante la conversación no se dieron consejos, ni se interpretaron realidades, solo se contaron las experiencias personales y, con el apoyo del terapeuta, se escudriñó en el fenómeno de la violencia machista y en cómo emplear herramientas para ponerle un alto.

Video explicativo sobre la dinámica de construcción de masculinidades saludables.

Los cambios esperados

“Partimos de que la violencia no es inherente a los hombres, entendemos la violencia como un proceso de aprendizaje social; las personas han aprendido a resolver las cosas de una manera, entonces les enseñamos a tener formas alternativas de resolver problemas, a tener consciencia de sus emociones y a regularlas", explica Herrera sobre los cambios que buscan con la iniciativa.

Wálter Vega es uno de los hombres a los que el programa le cambió la vida, llegó por una denuncia de violencia y hoy no tiene duda en afirmar que es alguien totalmente distinto.

“A mí me daba chicha y le daba a las paredes, a las puertas. A mi esposa le dio miedo y me mandó al juzgado. Yo viví mucha agresión por parte de mi papá y todo eso explotó en violencia, pero he aprendido a cómo controlarla acá en el grupo”, dice Vega.

Una historia similar narra César Araya, quien suma 71 sesiones en el grupo y acepta que sigue trabajando para poder controlar la ira.

“Yo vine por una situación de divorcio y me doy cuenta que necesito cambiar muchas cosas. Aquí no se dan consejos, aquí no se le dice a las personas qué deben hacer con sus problemas, se dan herramientas para resolverlos. Yo todavía no controlo al 100% la ira, pero al menos ahora pienso antes de actuar, yo antes no podía ni manejar, alguien se me metía e iba el madrazo, todo eso lo he ido cambiando”, comenta.

Durante este año en las reuniones del grupo han participado más de 900 hombres, según la Oficina de Igualdad, Equidad y Género de la Municipalidad de Heredia. Las reuniones se realizan los días miércoles de 6 p. m. a 9 p. m. en el campo ferial La Perla, en el cantón central de Heredia.

En las fotografías: Hans Hernández, Wálter Vega, Rafael Sáenz y César Araya. Todos integrantes del grupo de hombres.
En las fotografías: Hans Hernández, Wálter Vega, Rafael Sáenz y César Araya. Todos integrantes del grupo de hombres.
Iniciativa en el sector público

Dentro del sector público existe también un grupo de hombres que trabajan para realizar cambios dentro de las instituciones costarricenses referentes a dinámicas de género.

Se llama la Red de Hombres por la Igualdad de Género del Sector Público de Costa Rica y está integrada por unos 20 trabajadores de instituciones como la Caja Costarricense de Seguro Social, el Poder Judicial, el Instituto Costarricense de Electricidad, la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, el Instituto Nacional de la Mujer, la Fuerza Pública, la Dirección General de Extranjería, la Municipalidad de San José y el Servicio Civil.

Según el coordinador de la red, Erick Quesada, abogan por la creación de grupos de reflexión de hombres en las instituciones y por la revisión de las prácticas laborales de orden machista.

“Promovemos que los mismos hombres desarrollen planes de trabajo para luchar contra la desigualdad y las prácticas machistas que vemos en todo el ciclo laboral, desde los procesos de atracción de personal, la selección, la capacitación, la promoción a puestos de liderazgos, etc”, comenta el funcionario del ICE.

Igualmente, otros programas que se desarrollan desde las municipalidades, entidades públicas u organizaciones trabajan para apoyar y proteger a las víctimas con estrategias para evitar agresiones e incluso la muerte. Igualmente, los ministerios de Salud y de Educación Pública, y la Fundación Paniamor, trabajan con niños para hacer el cambio en la nueva generación.