
Un estudiante del Liceo de Pavas, al oeste de San José, le disparó el jueves pasado a un educador, dentro de un aula, porque le llamó la atención por su conducta. Sin embargo, el docente logró esquivar el ataque.
Ese incidente rebasó la tolerancia de los 70 profesores del liceo, quienes, cansados de recibir amenazas de muerte y agresiones, suspendieron las lecciones para exigir seguridad.
Al episodio del disparo se suman el de una profesora apedreada dentro del colegio y otra que renunció luego de que varios estudiantes amenazaran con hacerle daño a su hija de cinco años.
También los educadores reportan múltiples incidentes con alumnos que muestran puñales cuando se les quiere sancionar por mala conducta.
La tensión es tan alta que dos docentes están incapacitados y otros solicitaron al Ministerio de Educación Pública (MEP) que los coloque en otro centro educativo.
El problema más grave es que este ambiente de intimidación permite a ciertos alumnos distribuir drogas dentro del liceo sin ser denunciados.
Incluso, varios profesores aseguran que particulares se llevan en sus vehículos a algunas colegialas durante el horario lectivo.
La inseguridad dentro del colegio llegó a tal grado que desde el jueves los docentes no imparten lecciones debido al miedo, y exigen al MEP y la Fuerza Pública intervenir la institución.
Ante esto, ayer se realizó una reunión entre los educadores, Ministerio y Policía para intentar recuperar el control del liceo.
Según Rocío Solís, directora de la Oficina de la niñez y la adolescencia del MEP, las lecciones se normalizarían hoy pues se dará vigilancia policial.
Wilbert Solano, jefe de la Policía de Pavas, prometió que desde hoy efectivos cuidarán de ese colegio.
“Queremos minimizar el impacto delictivo sin violentar los derechos de los muchachos. Los profesores tienen razón pues ocurren asaltos, agresiones, riñas y distribución de drogas”, aseguró.
“Si me expulsa lo mato”. Un estudiante de undécimo año, quien pidió no publicar su nombre, narró ayer que otro alumno le dijo a un profesor: “Si me expulsa lo mato”.
“El estudiante que le disparó al profesor es el mismo que dos semanas atrás provocó un desorden. El problema es que no se le puede sacar de la institución, es el líder y tiene seguidores porque se luce. Es común que porten armas blancas”, indicó el colegial.
Esta “barra” también está integrada por mujeres. Algunas amenazan a los profesores con pedirle a uno de sus familiares que les causen daños. Según los testimonios, estas jóvenes provienen de familias en riesgo social.
Ronald Sequeira, profesor de Matemática, dijo que la inseguridad se incrementó este año luego de que el liceo fue obligado a recibir a unos 300 jóvenes de sétimo año rechazados por otros colegios.
De esos muchachos, 75 sobrepasan los 13 años (edad promedio para cursar ese nivel), incluso algunos tienen hasta 19 años.
En el liceo estudian 1.600 jóvenes. De ellos, 600 conforman las 18 secciones de sétimo año.
“Nosotros tratamos de resolver el problema a lo interno pero cuando hay amenazas con armas, oficinas destruidas y problemas de drogas es muy difícil”, dijo Sequeira.
Maribel Pérez, quien tiene a tres de sus hijas estudiando en el Liceo de Pavas, calificó la situación como “muy crítica”.
“Para ir al baño los alumnos tienen que llevar sus bultos pues de lo contrario se los roban. Si tuviera dinero habría trasladado a mis hijas a otro colegio, a mí me duele mucho porque estudié aquí”, señaló.
Además, los asaltos en las afueras del colegio son comunes.
Ronny Cordero, orientador del colegio, reconoció que padres de varios estudiantes sobresalientes los enviaron a otros colegios.
Mientras, los jóvenes que se preparan para el bachillerato ruegan para que la calma regrese y así no ver afectada su preparación.