Las buenas y malas experiencias vividas juntos terminaron a eso de las 10:30 p. m. del martes, cuando David Corrales Gómez murió, supuestamente, a manos de su primo Carlos Roberto Gómez Sandí, en la Colonia La Libertad de Pavas, San José.
La víctima, de 22 años, falleció cuando iba en una ambulancia rumbo al hospital México, a causa de dos puñaladas en el abdomen. Horas después, en la madrugada, su primo, de 25 años, se entregó a las autoridades como el presunto autor del homicidio.
Tanto sus familiares como vecinos y allegados, aseguraron que los dos hombres eran adictos al crack y ese vicio motivó el enfrentamiento. "Fue un pleito por drogas; dicen que desde hace días tenían el problema", comentó Ana Jiménez, cuñada del fallecido.
Agregó que, aparte de esas diferencias, ellos estaban disgustados por un asunto sentimental, pues salieron con la misma muchacha.
Jiménez y su esposo Víctor Mora -medio hermano de la víctima- llegaron al sitio cuando el joven estaba en el suelo, pocos minutos antes de morir.
Según la mujer, el personal paramédico trató de estabilizarlo y cuando notaron una leve respuesta lo trasladaron al hospital; sin embargo, ellos temieron lo peor.
"Mi esposo siempre le daba comida o ropa, pues como vivía en la calle... ahí lo veíamos que se andaba mojando", agregó.
Aparentemente, este fue el tercer gran pleito de Corrales debido a líos por drogas. En la anterior riña recibió un golpe con un tubo metálico en el rostro y casi pierde un ojo, señaló Jiménez..
Antenoche trato de defenderse, pero no logró evitar las heridas mortales a manos de su pariente.
Este fue el final de una vida complicada, pese a los esfuerzos de la familia por separarlo de esas andanzas, al enviarlo a instituciones de rehabilitación. Empero, comentó la cuñada, 15 días después, a lo sumo, volvía a la calle.
Últimamente, vivía en un rancho hecho con restos de muebles y electrodométicos, a un lado de la línea férrea, en Pavas.
Esperaba agua
Pocos minutos antes del crimen, Corrales estaba sentado en la línea del tren junto a Fidelia Jiménez, una vecina quien frecuentemente le daba posada y comida en su casa en La Libertad.
Corrales le pidió agua a la mujer para lavarse la cara; ella se levantó y caminó los 50 metros que la separaban de su vivienda, pero cuando regresó con el encargo, ya su amigo estaba herido de muerte.
"Recuerdo que me dijo: 'quiero salir de esto, pero la gente nos ignora', narró ayer Jiménez con pesar reflejado en su rostro.
Comentó que el muchacho era algo así como su hijo, e incluso frecuentemente la llamaba "mi mama".
Ella también lamenta la suerte de Gómez, pues aseguró que no era un mal muchacho, sino otra víctima de la droga.
El supuesto homicida permanecía detenido ayer en las celdas judiciales, en Goicoechea.
Fuentes policiales indicaron que el caso de Gómez quedaría en poder de la Fiscalía de Pavas, ante la cual enfrentará cargos por homicidio,