
En las clínicas del Seguro Social y en las farmacias privadas de Alajuela y Heredia se despacha hasta 10 veces más cantidad de Ritalina que en cualquier otra parte del país.
Por ejemplo, en la región Brunca (Pérez Zeledón, Golfito, Buenos Aires, Coto Brus, Osa y Corredores) se recetan 126 tabletas de Ritalina por cada 1.000 niños en edad escolar.
Sin embargo, en clínicas ubicadas en la región Central Norte, entre ellas la Marcial Rodríguez (Alajuela) y el hospital San Francisco de Asís (Grecia), esa tasa llega a las 1.280 tabletas por cada millar de pequeños.
Esa diferencia es motivo de preocupación para las autoridades del Ministerio de Salud.
Sobre todo, si se toma en cuenta que la Ritalina (nombre de marca del clorhidrato de metilfenidato) califica como una droga estupefaciente, con efecto estimulante, para tratar el déficit atencional y la hiperactividad en niños y adolescentes.
"¿Será que se está recetando indiscriminadamente este medicamento? Aunque el país, como tal, no está teniendo altos consumos, a nivel regional sí surgen diferencias que nos preocupan", reconoció María de los Ángeles Morales Vega, directora de Registros y Controles de ese ministerio.
En un estudio que se elaboró en el 2004, con datos de los años 2001 y 2002 (únicos disponibles en ese momento), la Unidad Técnica de esa Dirección encontró que el consumo nacional está por debajo del promedio en otros países.
En Costa Rica, la dosis diaria por cada 1.000 habitantes es de 0,59. En naciones como España, a modo de ejemplo, es de 0,63.
Significado
Pero las diferencias entre las regiones del país, dijo Morales, revelan la falta de un patrón de prescripción homogéneo.
En otras palabras, cada quien receta las dosis que considere convenientes. "En manos del médico está la prescripción de la Ritalina, se deja a la libre. Yo no desmerezco esto, pero no es lo correcto", manifestó la funcionaria.
Los riesgos no solo se relacionan con el exceso de diagnósticos de déficit atencional (dificultad para concentrarse) e hiperactividad (niveles altos de actividad e impulsividad).
También, tienen que ver con la posibilidad de que se esté dando este fármaco a niños y jóvenes que no lo necesitan, ya sea porque tienen otros problemas de fondo o porque su nivel de déficit e hiperactividad se puede controlar por otras vías.
De acuerdo con los datos del Ministerio de Salud, el consumo de Ritalina se dispara a la entrada de clases y durante la temporada de exámenes.
En el 2003, entre febrero y marzo, hubo un brinco en el consumo del 220 por ciento. En el otro extremo, entre noviembre y diciembre, el consumo cayó en un 76 por ciento.
Por esta razón, el Ministerio de Salud montará este año un sistema de monitoreo digital que permita controlar cuáles son los médicos que más prescriben, cuáles son los pacientes que usan esos medicamentos y las farmacias donde más dan Ritalina.
"Llevaremos, así, información casi diaria sobre el consumo, que nos servirá para tomar decisiones en salud", expresó Morales.
Actualmente, explicó, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) trabaja en un protocolo (conjunto de normas) para aclarar las condiciones en las que se debe recetar este fármaco.
Esto ayudará a padres de familia que, como Alba Marín, intentan que sus hijos lleven una vida normal controlando los efectos posibles del déficit atencional.
Marín tiene una hija de 12 años, Cindy, que recibe Ritalina desde los 7 años.
Cindy tiene déficit atencional. Aunque su madre admitió que el medicamento le ha ayudado, también dijo que a ella, como mamá, no le han dado suficiente información sobre el manejo de Ritalina.
"Uno desea que le digan todo lo que necesita saber. A veces, yo la veo muy decaída, porque la Ritalina le 'baja las pilas' y le quita el apetito. Cuando la veo así, a veces no se la doy", indicó.