No puedo imaginármelo. Si acaso la ciencia acepta que tal vez un 2% puede que nazca, a través de algunos alimentos, con las hormonas un poco alteradas. Pero eso tiene tratamiento.
Sí, claro. Tengo testimonios. Aquí en iglesias en Heredia, conozco a uno que era así y se enderezó. Estoy patrocinando un libro, no todo, con mi plata un poquito, donde vienen testimonios de travestis y homosexuales, hombres y mujeres que han regresado al evangelio, se han casado de nuevo y son felices.
Así responde Gerardo Justo Orozco Álvarez, el laico evangélico, matemático, abogado y diputado de Renovación Costarricense que adversa las uniones civiles entre personas del mismo sexo, y que aún no está convencido de aceptar un proyecto para legalizar la fecundación in vitro.
Las redes sociales como Facebook o Twitter ardieron como el infierno el 31 de mayo cuando Orozco –con los votos de Liberación Nacional y el Movimiento Libertario– asumió la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso.
Desde entonces, una página en Internet (de la empresa Big Web Noise) ha colocado las fotografías de 12.500 personas que piden la renuncia de Justo Orozco de la comisión legislativa.
Pero ante los ataques, él tiene muchas respuestas.
“Dios me puso aquí (en la Comisión), a mí nadie me va a sacar, ningún organismo internacional, ya la Sala Constitucional se pronunció”, dijo el legislador.
Gerardo Justo Orozco Álvarez nació el 18 de febrero de 1950 en San José, pero gran parte de su infancia la vivió en Nicoya, Guanacaste.
Allá conoció algunos vicios y hasta los probó, como el cigarro o el alcohol, pero a los 14 años dice que venció “a la mediocridad”.
“Ya en segundo año, yo decidí apartarme de todo lo que era perversidad; salvo ustedes que son demasiado lindas”, dijo.
A partir de aquel momento, decidió convertirse en un “ciudadano probo” (honesto, honrado, íntegro) como él mismo se califica. Con el impulso de su madre fue el mejor estudiante, luego profesor de matemática y, por último, abogado.
Así, las remembranzas afloran en su despacho, en cuya pared cuelga un cartel con el Salmo 42 “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas...”.
Bajo el escritorio esperan unas pantuflas de cuero.
Como educador, en 1986 abrió el Instituto de Desarrollo de Inteligencia (IDI) en un salón comunal de Hatillo, en San José. Luego compró un lote (de ¢1,5 millones), que convirtió en centro educativo para 230 niños y adolescentes.
Según asegura, fue gracias a los préstamos mancomunados (de él y su esposa, Yazmín Mata Blanco), como consolidó el centro educativo. Este ahora es la fuente de financiamiento de sus campañas para llegar al Congreso en el 2002 y 2010.
Un estudiante de primaria en el IDI, paga una matrícula de ¢85.000 y lo mismo por cada mensualidad .
Aunque no señala a cuánto ascienden sus ingresos, afirma que podría ser diputado “de gratis”.
No se declara millonario, prefiere considerarse “de clase media media o media alta”, aunque él y sus hijos tienen carros del año, aparecen 13 propiedades a su nombre, por 23.200 metros cuadrados y una casa de playa, en Jacó, Garabito, Puntarenas.
Entre los siete vehículos inscritos a su nombre está un doble tracción Toyota Highlander 2012, valorado en ¢26,5 millones.
Quienes lo conocen por su trayectoria política, como el pastor Guyón Massey (diputado de Restauración Nacional 2006-2010), lo califican de hombre “valiente”.
“Uno le reconoce la valentía, sobre todo en temas tan álgidos como los que hay en este momento en la corriente legislativa (...) y frente a mucha hostilidad”, dijo Massey.
El pastor no dudó un segundo para decir que si él fuese diputado, habría respaldado a Orozco en contra de las uniones gais.
Los recuerdos ya no son positivos, si la consultada es la excandidata a la presidencia por Renovación Costarricense en el 2010, Mayra González. Ella afirma que Justo Orozco se parece a los calificativos que recibe en redes sociales.
“Él es una pesadilla, y está siendo una pesadilla para el país. (...) Si había una persona que no debían elegir como presidente de una comisión tan importante de Derechos Humanos, era él, porque él ya había anticipado la prueba (decir que se opone a las uniones gais), ya se sabía que tenía una posición homofóbica, misógina, discriminatoria”, resumió González.
Carmen Muñoz diputada de Acción Ciudadana y compañera en la comisión, también tiene adjetivos fuertes: “es incongruente y contradictorio. Por un lado, habla de diálogo y, por otro, lo evita; dice estar dispuesto a la negociación y no negocia; dice ser respetuoso y no respeta”. Tantos encontronazos han tenido, que ella no lo llama Justo, prefiere decirle “Gerardo”.