
Nunca como ahora el precandidato Luis Fishman estuvo tan convencido de que también en política los polos opuestos se atraen.
Por ello, no lo pensó dos veces, y el jueves anterior decidió lanzarse al río y anunciar públicamente el retiro de su aspiración política dentro del Partido Unidad Social Cristiana, para respaldar la de Miguel Angel Rodríguez, a quien acribilló con punzantes críticas desde que ingresó en la arena electoral opositora, en mayo de 1994.
Fishman, exministro de Seguridad durante la Administración Calderón Fournier --1990-1994--, hizo suyo esta semana el refrán que afirma que "solo los ríos no se devuelven" y decidió mandar al archivo del olvido gruesos calificativos contra su excontendor a quien en alguna oportunidad calificó de "líder nocivo" para el PUSC y en otra de creerse el dueño de esa agrupación.
El trago fue amargo. Flanqueado por Rodríguez, y por el expresidente Rafael Angel Calderón, Fishman no logró esconder su sinsabor al anunciar su decisión ante una numerosa tribuna que coreaba al unísono "Miguel Angel, Miguel Angel..."
Quienes hilan más filo aseguran que Fishman fue la víctima, la pieza a sacrificar para no poner en peligro las posibilidades electorales rojiazules en 1998.
Y es que este abogado de 48 años reconoció, igual que lo hicieron Rodríguez y Calderón, que una prolongada contienda entre los dos primeros tendría un costo político muy elevado para las pretensiones presidenciales del PUSC.
Calderón, cuyo liderazgo muy pocos se atreven a cuestionar en las tiendas opositoras y Rolando Laclé --reconocido estratega socialcristiano-- fueron dos de las piezas claves para que esta "cirugía" se llevara a cabo sin mayores complicaciones.
Por ahora, Fishman se dará por satisfecho con la promesa de una diputación para el quinquenio legislativo 1998-2003, desde donde podría buscar mayores réditos políticos para revivir su lucha por la jefatura de estado en los albores del siglo que se avecina. Ya en el cuatrienio 1986-1990 había sido legislador.
Otras promesas podrían haber quedado rubricadas y celosamente guardadas a la espera del tiempo, el único que podrá determinar el alcance real del acuerdo del pasado jueves.
El PUSC, entretanto, sigue fiel a su tradición, y una vez más iría a una convención donde no parece haber ninguna duda sobre el ganador o donde la contienda electoral sería suprimida para dar paso a un liderazgo único que fortalezca su posición ante el escrutinio que se realizará dentro de dos años.