
Un llamado a los costarricenses para que se comprometan a defender a los niños, fue el clamor que predominó ayer al celebrarse, en la iglesia católica de El Carmen de Mata de Plátano, Goicoechea, el funeral de Miurel Tatiana Camacho Cantillano, niña de 11 años asesinada el lunes de una puñalada.
Tanto el sacerdote Marcial Bonilla, durante la homilía, así como el director de la escuela de la comunidad, Gustavo Brady, en unas palabras que emitió al final del acto religioso, coincidieron en manifestar que tras este crimen se debe pasar de las palabras a los hechos.
Brady dijo que está llamando a la comunidad a marchar el próximo 9 de setiembre, Día del Niño, hacia la Asamblea Legislativa para exigir que se apruebe la llamada Ley Kattia y Osvaldo , que procura más severidad a quienes agredan a los menores.
El sacerdote Bonilla expresó por su parte que también debe haber un compromiso tanto de respeto por la vida de la persona humana como de abrirles oportunidades de una mejor vida en los campos de vivienda, trabajo y estudio.
Aunque ninguna alta autoridad del Gobierno asistió al funeral, el presidente de la República, Abel Pacheco, dijo después de la sesión del Consejo de Gobierno en Zapote que está niña es víctima de una violencia vergonzosa contra los más débiles.
El mandatario también se unió a la solicitud a los diputados para que aprueben penas más drásticas para quienes dañen a los menores.
El asesinato de la menor ocurrió cuando se opuso a que un sujeto de apellido Hernández, de 54 años de edad, abusara sexualmente de ella. El suceso provocó que en otras localidades se denunciaran acosos similares.
Unión del pueblo
El sepelio de Miurel Camacho se realizó ayer a las 11 a. m. con la asistencia de alumnos de la escuela José Cubero Muñoz, donde la menor cursaba cuarto grado. También concurrieron familiares y vecinos del barrio La Cruz, donde vivía la familia.
La maestra Catalina Cortés Robles, quien desde primer grado se encargó de la enseñanza de la menor, comentó que les extrañó la ausencia de Miurel el lunes a las 7 a. m. porque ese día iban a preparar los exámenes que ayer comenzarían.
“Ella se sentaría en la mesa con los chiquitos más grandes. Eran cuatro, pero, en julio, una compañera se trasladó a San Carlos. No sacamos la silla: allí está. Ahora ya serán dos las sillas vacías...
“Cuando los tomé en primer grado, el grupo era de 30 alumnos, ahora quedan 28”, relató la maestra.
Ante el asesinato, la escuela suspendió clases ayer y postergó para la próxima semana las pruebas para los cuartos grados. “Hay que evitar que hechos como estos afecten las evaluaciones”, dijo la maestra de inglés, Allison Boza Mata.
El director de la escuela –la cual tiene una población de 950 estudiantes– citó para hoy a las 6 p. m. a los padres de familia para organizar la marcha del 9 de setiembre y hablar sobre un plan destinado a mejorar la seguridad dentro del hogar.
Finalmente, Verónica Cantillano, madre de Miurel, dijo: “No encuentro palabras en este momento. Lo único que puedo decir a todos es que cuiden mucho a sus hijos”.
“Lo que pasamos es algo muy duro que pudo haberle sucedido a cualquiera”, concluyó doña Verónica.