
El entrenador colombiano había sido un ejemplo de supervivencia dentro del volátil mundo del futbol, donde la guillotina aparece tras los primeros malos resultados.
Solo que con Cheché fue diferente. En un inusual ejercicio de paciencia, la anterior dirigencia alajuelense lo sostuvo en el cargo, pese a los sonados fracasos en la Uncaf (doble derrota ante Puntarenas) y en la Copa Sudamericana (doble paliza del Colo-Colo chileno).
Un repunte en el torneo doméstico terminó de afianzarlo en el puesto y de silenciar parcialmente las voces que pedían su salida.
La suerte le cambió con la renovación de parte de la directiva rojinegra, que incluyó la llegada de un nuevo presidente.
La actual camada de dirigentes demostró ser de gatillo más fácil que sus antecesores: echó al panameño Armando Gun, se deshizo de Erick Scott mediante un préstamo y, finalmente, destituyó al técnico Hernández.
Al colombiano se le cobra la derrota ante Saprissa en la pasada final del Torneo de Apertura. Los manudos no hicieron ni un solo gol y se llevaron cuatro en contra en los dos partidos.
Cheché , de 50 años, había sido contratado por los rojinegros en mayo del año pasado. Se lleva consigo sus buenos modales y su caballerosidad, características notables en una profesión donde no es difícil encontrar malcriados.