El presidente estadounidense, George W. Bush, no es de los que se resigna ante una derrota.
Su Partido Republicano viene de perder la mayoría que tuvo en el Congreso por 12 años, y la nueva dirigencia demócrata exige planes para salir cuanto antes de Iraq.
Sin embargo, Bush respondió con un plan que incluye el desplazamiento de 21.500 soldados adicionales a los 132.000 que ya tiene Estados Unidos en aquel país asiático.
El aumento de la presencia militar, anunciada en un discurso, anoche, responde a una ofensiva para erradicar la violencia en las regiones más conflictivas de aquel país.
La medida deberá complementarse con un compromiso del Gobierno iraquí de hacer frente con sus propias fuerzas de seguridad a la ola de violencia.
Iraq se ha proyectado como el punto más vulnerable de Bush, quien dos años atrás logró reelegirse al cargo.
La prolongación del conflicto sin que se vislumbre una salida, el creciente número de bajas y el costo desbordado, han llevado al público norteamericano a un cansancio con la guerra, que ha repercutido en el nivel de aprobación del gobernante.
No obstante, la decisión de Bush de aumentar la presión militar indica que está decidido a seguir el rumbo que ha mantenido desde el 2003, cuando se inició la ocupación militar de Iraq.