Bogotá. Este batallón antinarcóticos no dispone de fusiles ni de helicópteros artillados. Su arma más poderosa es el fino olfato, capaz de rastrear cocaína, marihuana o heroína en cualquier escondite.
Son unos 600 perros de la policía que vigilan puertos marítimos y aereos y son una parte esencial de la batalla de Colombia contra el narcotráfico que le cuesta $1.000 a este país.
En la Escuela de Carabineros una espaciosa hacienda de 250 hectáreas es utilizada por policías quienes entrenan a los perros de diferentes razas, especialmente pastores y labradores, durante cinco meses para enfrentar no sólo los narcotraficantes sino también contra los terroristas que utilizan explosivos.
"Los perros se entrenan jugando'', dijo Alexander Ariza, un veterano adiestrador de canes, mientras acaricia un poderoso pastor checo.
"El olfato del perro, mil veces mas sensitivo que el humano, se desarrolla haciéndole reconocer los olores de los narcóticos mediante juegos con trapos impregnados con sustancias químicas que reproducen este tipo de olores'', explicó Ariza.
"En ningún caso se utilizan los narcóticos porque una pequeña dosis puede matarlos'', explicó.
"Varios perros han sido envenenados y a veces nosotros recibimos amenazas de muerte como represalia'', explicó Ariza.
Cuando el presidente Bill Clinton visitó Cartagena el pasado 30 de agosto, estuvo en el puerto y recibió el saludo de Darly, una perra pastor belga que ha ayudó a descubrir un contrabando de siete toneladas de cocaína. Clinton quedó tan impresionado por el trabajo de los perros que ordenó la entrega de cien más para la policía colombiana.