Un cogedor de café, sin trabajo estable, es el principal sospechoso del homicidio de la niña nicaragüense Elizabeth Góngora Jaime, de 7 años, según la policía.
El Organismo de Investigación (OIJ) ya tiene un retrato hablado del hombre, cuya edad oscila entre 20 y 25 años, es trigueño y sería compatriota de la víctima.
El presunto responsable no estaba entre los recolectores constantes de la misma finca donde ocurrió el homicidio, el miércoles anterior, en San Juan de La Unión, Cartago.
La policía admitió que no tiene datos sobre el paradero ni identidad del hombre, motivo por el cual solicitó a la ciudadanía brindar cualquier información que permita ubicarlo.
El OIJ pone a disposición los números telefónicos 279-4344 y 279-6558. La información suministrada será manejada con suma discrecionalidad.
En cuanto al retrato hablado, fue confeccionado el viernes pasado con las descripciones que varias personas suministraron a las autoridades.
El sospechoso fue visto la mañana en que ocurrió el asesinato; posteriormente, desapareció en el transcurso del día.
Al parecer, la policía solo ha encontrado algunas vestimentas del hombre, que este abandonó a unos 30 metros de donde apareció el cadáver de la niña.
Esa evidencia es objeto de análisis en los laboratorios forenses del OIJ, en San Joaquín de Flores, Heredia.
Allí mismo se trabaja con los resultados de la autopsia practicada a la menor. El examen confirmó que Elizabeth Góngora murió por asfixia, pero todavía no se ha determinado qué tipo de abuso sexual sufrió.
Según las investigaciones, la menor aparentemente fue interceptada por el hombre cuando cogía café junto a 12 familiares, entre ellos su madre.
En determinado momento se alejó del grupo para ir a orinar, lo que fue aprovechado por el homicida para actuar con violencia.
La niña nicaragüense desapareció a las 8 a. m. del miércoles anterior y apareció muerta aproximadamente a las 5 p. m.
Los restos de Elizabeth Góngora Jaime fueron sepultados el sábado anterior en Tisma, departamento nicaragüense de Masaya, como lo quiso su madre.
La niña vivió en esa comunidad hasta los 4 años, cuando su madre y padrastro decidieron traerla con ellos a Costa Rica.
La menor se preparaba para entrar este año a la escuela, lo que para ella significaba una gran alegría.