Patrimonio

Legisladores pasaron del lujo del Palacio Nacional al hacinamiento en Cuesta de Moras

Recuento histórico de cómo la Asamblea Legislativa llegó al que actualmente es su hogar y cómo fue adquiriendo los edificios patrimoniales que hoy están bajo su cuidado

El Salón del Congreso en 1909, tal como apareció en el Álbum de (Fernando) Zamora ese mismo año. Foto: Cortesía de Andrés Fernández para LN

Uno de los edificios más emblemáticos de la Costa Rica del siglo XIX era el Palacio Nacional, que en aquella época daba cobijo a los tres supremos poderes de la República.

“(...) era el símbolo por excelencia de la moderna república en gestación que estaba creciendo al amparo de la actividad cafetalera”, indica el sitio web del Museo Nacional.

“Este edificio, antes de la construcción del Teatro Nacional, era el lugar en donde se hacían los lujosos bailes oficiales, para recibir diplomáticos o para celebrar actividades especiales, como lo fue en 1890 cuando se hizo un baile en honor a Minor Keith, con motivo de la finalización de la construcción del Ferrocarril al Atlántico”, añade.

Se encontraba en la esquina sureste de la cuadra en donde actualmente está el Banco Central, antes de ser demolido en la década de 1950.

“(...) permanecería durante 102 años, testigo de nuestro desarrollo institucional y ciudadano, símbolo de lo republicano, liberal y democrático, hasta el 11 de enero de 1958, cuando dejó de servir de sede al Congreso para dar paso a su demolición sin motivo alguno”, recordaba el arquitecto Andrés Fernández, en un artículo de Áncora.

Entre sus salones más emblemáticos, “por no decir el más fastuoso”, estaba la Sala del Congreso, resalta el Museo Nacional. Era de doble altura, con un cielo raso ligeramente cóncavo, dividido en artesonados con molduras y aplicaciones doradas; además de sus terciopelos, tenía también un conjunto de lámparas de pared y de techo que fueron traídas de Europa a finales del siglo XIX.

Ese lujo dista mucho de las condiciones actuales del Congreso, ahora ubicado en Cuesta de Moras, y que desde hace años arrastra serios problemas, entre ellos el hacinamiento.

El nuevo vecindario

El llamado edificio central fue el primero de los cuatro edificios patrimoniales que ocupó la Asamblea Legislativa. Su construcción inició en 1939, en tiempos de León Cortés Castro, la idea era que se convirtiera en Casa Presidencial, según relató el historiador Carlos Manuel Zamora, funcionario del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura.

Sin embargo, el proyecto quedó paralizado con la administración de Rafael Ángel Calderón Guardia, por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando su construcción finaliza se convierte en sede de la Asamblea Legislativa.

Con el pasar de los años, el Congreso comenzó a llenarse de funcionarios, de una “forma abusiva”, de acuerdo con Zamora, y el inmueble dejó de tener la capacidad para alojar efectivamente a todos sus inquilinos.

Para atender esta situación, el edificio, donde se ubica el plenario, tuvo que ser sometido a una serie de intervenciones que Antonio Ayales, director ejecutivo de la Asamblea Legislativa, califica como de “muy mal gusto”.

“Por ejemplo, en el tercer piso, encima de la rotonda de la patria, este edificio tiene unos corredores muy bonitos, amplios, muy ventilados con un diseño propio de la época, sin embargo la Asamblea lo cerró para hacer oficinas”, indicó.

Ampliaciones

Claros en la necesidad de ampliarse, la Asamblea adquirió el antiguo Colegio de Nuestra Señora de Sión, construido en 1887, como “un esfuerzo de las religiosas de Nuestra Señora de Sión, traídas al país en 1878 por el Gobierno de Tomás Guardia Gutiérrez, para establecer en la ciudad un centro de enseñanza femenino, que marcó un hilo en el desarrollo educativo nacional”, menciona la declaratoria de interés histórico arquitectónico, de 1988.

“Lo adquiere el Estado y habilita oficinas, más o menos en la altura de los años 70. El Sión, como cualquier edificio, requiere mantenimiento y nunca se le ha dado mantenimiento apropiado, se le han ‘hecho parches’", apuntó el historiador.

El Castillo Azul se construye en 1908, Zamora advierte que con frecuencia se menciona que fue en 1914, pero asegura que es un error. Lo construye Máximo Fernández, “un político que nunca llegó a ser presidente, pero que siempre estuvo de candidato o detrás de nombrar a gente para que fuera presidente de la República, entonces, esa fue su casa de habitación, al lado de la Asamblea Legislativa.

“Por circunstancias de su accionar político, él llega a un acuerdo con Federico Tinoco, para que no se le ventilaran algunas cosas ‘no muy santas’ y entonces decide retirarse a una finca en San Pedro, renta el Castillo como Casa Presidencial”, explicó el historiador.

También fue sede de la embajada Estados Unidos, antes de ser adquirido por un doctor de apellido Gutiérrez.

La Asamblea quería expropiar el Castillo “para demolerlo”, pero entonces, el doctor recurrió al Ministerio de Cultura para que se le declarara Patrimonio, lo cual se hizo porque el edificio cumplía con todas las condiciones necesaria. A principios de los 90 llega a un acuerdo para venderlo a la Asamblea Legislativa.

Mientras que la Casa Rosada, es muy particular. Zamora estima que es la única vivienda de adobe que queda en la ciudad de San José con esas dimensiones. Su creación sería de mediados del siglo XIX, cuenta con entrada de carretas y carruajes. Habría sido adquirida hace unos 20 o 25 años y se agregó al complejo.

Lucía Astorga

Lucía Astorga

Bachiller en Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica y Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina; finalizando la Maestría en Diplomacia del Instituto Manuel María Peralta.