Pese a los intentos de la Fuerza Pública de Goicoechea por controlar a las pandillas que atemorizan al barrio de Los Cuadros de Purral, los habitantes de esta comunidad están sometidos a su acoso diario.
La situación preocupa a educadores, policías y empresarios, quienes coinciden en la necesidad de emprender profundas reformas sociales.
Comerciantes como María Auxiliadora Umaña, quien tiene un abastecedor, se refirió a los sufrimientos que padece todos los días. “Los pandilleros, si ven un repartidor (de productos) le tachan los carros”, dijo Umaña.
Los vecinos manifestaron que en ese sector existe gente honrada que quiere vivir en paz, pero que son atormentados por la delincuencia.
Ejemplo de ello fue Rodolfo Corrales, quien el pasado martes 13 de abril golpeó a un muchacho de la pandilla de “Los Lupitos” que quiso asaltarlo; como venganza, aparentemente los otros pandilleros apedrearon y quemaron la casa de Corrales.
En riesgo
José Humberto Montero, gerente de la empresa de Transportes de Guadalupe, conoce en carne propia el riesgo de brindar un servicio en ese lugar. Muchos de los buses de la ruta de Purral han sido apedreados, cuando los conductores se niegan a regalar dinero a los muchachos delincuentes.
Además, Montero aseguró que los choferes son objeto de amenaza, como el caso de uno que acudió a la Policía para denunciar un asalto.
Para Édgar Porras, delegado de la Fuerza Pública en el cantón, la figura de las pandillas va perdiendo fuerza en ese barrio de Goicoechea.
“Desde hace tres años, cabecillas de las pandillas como ‘Los Chorbis’ se han tranquilizado”, aseguró Porras.
El oficial responsabilizó de este logro a un proceso de erradicación de la delincuencia, que procura identificar a los líderes de los grupos juveniles y su modus operandi, además de contar con un registro de reincidencia de los sospechosos. También cuentan con la ayuda de los ciudadanos que conforman la Policía Comunitaria.
Sin embargo, Porras aceptó que, pese a todos estos esfuerzos, la violencia juvenil prevalece, ya sea porque otros menores siguen los pasos de sus antecesores o porque los exintegrantes de pandillas juveniles forman bandas organizadas dedicadas al robo de vehículos y de comercios.
Porras puso como ejemplo el caso de un expandillero de apellido Kenton, quien supuestamente protagonizó un asalto a un Perimercado en San Pablo de Heredia, hace como dos meses.
“Uno de los últimos grupos que surgió fue el de ‘Los Lupitos’, que protagonizaron la quema de una casa hace unos días”, ejemplificó Porras. “El grupo se compone por chiquillos de 7 a 18 años”, puntualizó.
Solución integral
Sebastián Navarro, subdirector de la escuela Luis Demetrio Tinoco, comentó que los casos de delincuencia juvenil los afecta, en gran medida, porque la ley convirtió a los menores en seres intocables y difíciles de procesar.
“Los menores se vuelven intocables, legalmente hablando”, dijo Navarro, quien agregó que, pese a la vigilancia policial conocen de casos en los cuales los maleantes se las ingenian para acechar a los escolares.
Porras coincidió en que la labor policial necesita de mayor ayuda de las autoridades judiciales. “El apoyo no es excelente por parte de los juzgados”, sostuvo.