
El pasado 17 de enero los abuelos del niño Francisco Danilo Gutiérrez López preguntaron al padre de este por el estado de salud del pequeño.
“Está bien. La mamá se lo llevó a Nicaragua”, les dijo. Ellos desconocían que el infante, de un año y 9 meses, nunca salió de San Rafael de Poás, Alajuela.
Sus restos yacían en un pozo, a escasos 700 metros de la casa de sus abuelos. Por ese caso se encuentra detenido el padre, de apellido Gutiérrez.
Fue María López, madre del niño, quien condujo a agentes de la Policía Judicial hasta la improvisada tumba.
El hombre declaró ayer ante la Fiscalía de Alajuela.
Los médicos forenses trabajan con la osamenta para detectar posibles lesiones pues la causa de la muerte no está clara.
El deceso habría ocurrido el 11 de julio del 2003, un día después de que el país se estremeciera por el crimen de la niña Katia Vanesa González, cuyos restos enterró un sujeto bajo el piso de su casa, en Quesada Durán, San José.
Eso, consideran las autoridades, pudo incidir en que Gutiérrez ocultara la muerte del pequeño.
Visitas rápidas
El padre del infante vive regularmente en el barrio San Miguel, en Masaya, Nicaragua, pero durante la temporada de recolección de café viene a Costa Rica.
Así ocurrió a principios de junio del 2003, cuando Gutiérrez se presentó en la casa de sus padres –en San Rafael de Poás– con su compañera, María López, y su hijo Francisco.
“Se quedaron poco tiempo. Yo ni siquiera sabía que era abuela. Con el chiquito él era cariñoso. Lo alzaba en hombros y salía a la calle. Esto es una tragedia que nos ha maltratado demasiado”, expresó Victoria García, abuela del menor.
Su esposo, Manuel Salvador Romero, tampoco notó nada extraño. “Vivían en otra casa; después se quedaron en la casa como siete días. Como toda pareja, ellos discutían, pero nunca vi que él levantara la mano. Si hubiera visto maltrato contra el niño yo mismo lo hubiera denunciado”, dijo.
A los abuelos les extrañó que el 11 de julio (del 2003), al regresar a su casa en horas de la tarde, la pareja no se encontraba allí.
“Ni siquiera se despidieron. Nunca esperamos algo como esto”, agregó Romero.
La madre del bebé dijo haber roto el silencio cuando recibió nuevas amenazas –por parte de Gutiérrez– contra su otro hijo.
Asegura que el 11 de julio encontró al niño muerto y su compañero sentimental, Gutiérrez, nunca le explicó lo ocurrido.
Al parecer, él metió el cuerpo en un maletín y lo enterró en un foso en una finca cafetalera.
“Parece que el papá cubrió el cuerpo con una capa de unos 50 centímetros de tierra. Los dueños de la finca cubrieron después el pozo para que no cayera ningún niño”, explicó Jorge Herrera, administrador de la finca.