La península de Nicoya, que abarca parte de Guanacaste y Puntarenas, es la zona de subducción en el mundo de la cual se tiene mejor documentación en estos momentos.
Los estudios que se han realizado, sobre todo a partir de 1997, han permitido a Costa Rica aportar conocimiento al resto de países para comprender cómo y por qué el fondo oceánico se mete bajo la placa continental produciendo sismos, proceso conocido como subducción.
Esta zona concentra gran actividad sísmica e incluso se pronostica un terremoto que liberaría una cantidad de energía 1,5 veces mayor que la del terremoto ocurrido en Limón el 22 de abril de 1991 (7,6 escala Richter).
Según el director del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, Marino Protti Quesada, esa región del país reúne las características de actividad sísmica y volcánica ideales para que científicos de todo el mundo estudien allí.
Tales condiciones las comparte con Nankai, Japón (en cuanto a sismicidad) y con el arco volcánico comprendido entre el sur de ese país asiático y las islas Marianas, y el sur de Nicaragua (en lo relacionado con la actividad volcánica).
Respaldo de peso
Todos estos análisis han contado con el aval del Programa de Ciencias de la Tierra Margins de la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y de otros organismos internacionales especializados en estos temas, dijo Protti.
El especialista explicó que por medio de propuestas científicas del Ovsicori se ha logrado participar de manera activa y con liderazgo en dos proyectos.
Se trata del experimento en zonas sismogénicas (origen de sismos) llamado Seize (por sus siglas en inglés) y la denominada "fábrica de subducción" para estudiar fenómenos volcánicos.
Teniendo claro que la actividad sísmica y volcánica produce desastres, la posibilidad de mejorar los estudios en zonas como Nicoya traerá muchos beneficios.
Por ejemplo, ayudará a los científicos a “capturar” más eficientemente cada evento (un terremoto o una erupción), a reconocer los síntomas y, en un futuro no muy lejano, incluso a predecir una catástrofe y evitar así mayores daños.