Un grupo de cinco exrebeldes nicaragüenses, dirigido por el sospechoso de haber sido el Psicópata, sería el responsable de la masacre en Alajuelita ocurrida en abril de 1986.
La policía conoce la identidad de estos cinco extranjeros, adiestrados para matar, pero no las revela para proteger el resultado de las pesquisas.
Se dijo que tres entre ellos el posible Psicópata ya están fallecidos y otro, que tiene 45 años de edad, radica en Tres Ríos de La Unión.
Oficiales del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) lo entrevistaron pero respondió con evasivas y no pudo explicar con claridad algunas consultas.
Estas nuevas revelaciones surgen a raíz de la investigación que se realiza para descubrir la identidad del Psicópata, a quien se atribuyen 19 crímenes ocurridos entre 1986 y 1996.
Los detalles de esa investigación fueron publicados ayer por este diario con un retrato hablado del sospechoso y este mismo viernes, en conferencia de prensa, el director del OIJ, Jorge Rojas, amplió detalles.
Nuevo camino
Las mujeres muertas en Alajuelita fueron Marta Eugenia Zamora Martínez, de 41 años; madre de María Gabriela, María Auxiliadora y Carla Virginia Salas Zamora, de 16, 11 y 9 años, y tía de Carla María, Alejandra y María Eugenia Sandí Zamora, de 11, 13 y 4 años.
Las nuevas pesquisas, según el OIJ, echan por tierra la vieja hipótesis de que en los hechos pudieron haber intervenido José Luis Monge Sandí, conocido como Tres Pelos ( ya fallecido) y Arnoldo Mora Portilla, alias Arnoldillo.
Tres Pelos fue liberado el 16 de mayo de 1991, luego de cinco años de permanecer en prisión acusado de matar a las siete mujeres.
Murió acribillado el 26 de febrero de 1995 solo cuatro meses antes de la fecha fijada para un nuevo juicio. Arnoldillo quedó fuera del proceso judicial porque en la época en que ocurrió la masacre era menor de edad.
"Ellos no tenían la capacidad de ejecutar este tipo de crímenes de una manera tan organizada; para mí no tienen nada que ver con esos homicidios y las nuevas investigaciones así lo demuestran", declaró el subdirector de la policía judicial, Gerardo Lázcarez.
El uso de una subametralladora M-3, las lesiones que presentaban los cuerpos de las mujeres y, en general, el modo como actuó, es lo que permite al OIJ asegurar que el Psicópata participó en los hechos de Alajuelita.
Los hallazgos
Varias coincidencias hacen suponer a la policía que el sospechoso de ser el Psicópata participó con sus compañeros en el múltiple homicidio.
Él y cuatro compañeros más ingresaron a Costa Rica desde Nicaragua por el sector de Los Chiles, Alajuela, a finales de 1985.
Pocos días después se instalaron en la casa que el supuesto homicida en serie tenía en Linda Vista de Río Azul, La Unión.
El OIJ determinó que el grupo visitaba con frecuencia un campamento de la contrarrevolución nicaragüense en las faldas de los cerros de Escazú, a pocos kilómetros del sitio donde se produjo la masacre.
En dicho campamento, según el OIJ, se detectó la existencia de subametralladoras M-3, que desaparecieron de ese sitio días antes de la masacre.
Trascendió que el OIJ tiene otros indicios que vinculan al citado grupo con las muertes.
Operativo de guerra
Aunque no existe una evidencia directa para asegurar que este grupo de exrebeldes fue el que ejecutó a las mujeres, hay declaraciones de vecinos que aseguran que ese domingo vieron subir al cerro San Miguel, donde está la cruz de Alajuelita, un grupo de cinco hombres con trajes de fatiga y armas.
Concuerdan en que todos esos hombres eran jóvenes entre 23 y 35 años y tenían cabello negro.
La esposa del presunto Psicópata contó al OIJ que el día del crimen su marido salió de la casa, en Linda Vista de Río Azul, temprano junto con sus amigos y regresaron dos días después.
Un aspecto que determina la participación de varios individuos en la masacre es que desde el sitio donde ingirieron los alimentos las siete mujeres (una piedra grande) hasta donde se descubrieron los cuerpos existe una distancia de unos 150 metros, por terreno escabroso.
En el trayecto había manchas de sangre, lo que hace presumir que por lo menos una de las personas fue herida en el sitio donde decidieron alimentarse.
Los datos policiales señalaron que los cadáveres estaban divididos en dos grupos, distanciados entre sí por unos dos metros y medio.
Lázcarez dijo a La Nación que esta forma de colocar los cuerpos es propia de grupos guerrilleros.
" Fue como un operativo de guerra", señaló.