Uno de los más grandes pequeños --valga la paradoja-- inventos de nuestra época ha sido el bolígrafo [en Costa Rica lo llamamos lapicero, desafiando así la lógica de su etimología latina (lapis /piedra/, por el grafito, mineral carbónico que constituye el alma del genuino lapicero)]. Me hubiera gustado conocer al genio que inventó este instrumento (su nombre forma parte de la interminable lista de los filántropos desconocidos) y me alegro mucho de no conocer al que acuñó la palabra bolígrafo, voquible execrable en cuya formación se juntó el sebo con la manteca: el castellano bola y el griego grápho.
Pero lo cierto es que este sencillo y barato instrumento causó una auténtica revolución en el aspecto formal de la expresión escrita; una revolución casi tan grande (¡Dios me perdone!) como la imprenta de Gutenberg. Hoy tenemos máquinas de escribir electrónicas (las manuales descansan ya en la paz de los museos), computadoras y no sé cuántas maravillas más. Pero el bolígrafo fue algo especial en cuanto provocó la extinción de tres artículos que, durante mucho tiempo, fueron todo un símbolo del quehacer intelectual en todos sus niveles. Me refiero a la pluma, el tintero y el secante.
Los que hemos rebasado con creces el meridiano de nuestras vidas, recordamos, con mal disimulada nostalgia, nuestros años escolares (cuando aún no existía el bolígrafo) en los que poseer una buena pluma estilográfica (pluma fuente, decían los herejes del léxico castizo) no estaba al alcance de cualquiera. Para ese entonces, nuestros inseparables compañeros de fatigas estudiantiles eran la pluma, el tintero y el secante. La pluma, peligroso dardo en potencia; el tintero, repleto de un diabólico líquido oscuro, empeñado en dejar una huella semiindeleble en manos, cara y ropa (para desesperación de nuestras sufridas madres); el secante, que generosamente disimulaba --al absorber la tinta-- la desastrosa presentación de nuestros cuadernos.
Todo un mundo de recuerdos. Un mundo de encanto que se rompió de repente cuando el bolígrafo, precursor de la moderna tecnología de ensueño, entró en nuestras vidas...