En medio del cemento, el granito, el asfalto y otras modernidades de Curridabat, se mantienen intactas e inamovibles tres sepulturas indígenas de hace unos 1.200 años.
La alianza entre el colegio Saint Peter, el Museo Nacional y la Fundación Día Azul permitió que estas tumbas de cajón permanezcan en la zona y sean visitadas por estudiantes de todo el país.
Según explicó la directora administrativa del Saint Peter, Angelita Moraga, desde el 2001 se enteraron de la existencia de un cementerio indígena con 88 tumbas a escasos 100 metros de la institución, en Lomas de Ayarco Sur, San José.
Por eso, previo permiso del Museo Nacional, el colegio ofreció una parte de su terreno para preservar tres de las tumbas que datan del año 800 después de Cristo.
El sueño se concretó ayer, Día Nacional del Aborigen, cuando por fin inauguraron un pequeño palenque con las tres tumbas. Cada pieza del entierro fue numerada y trasladada por arqueólogos del Museo para que las estructuras quedaran intactas.
Las tumbas de cajón se construían con lajas y piedras redondeadas de río .
En el interior de las sepulturas se colocaba uno o varios cuerpos junto a las ofrendas funerarias: vasijas de barro y piedras semipreciosas.
Entre lo recuperado hay una vasija chorotega, que confirma el intercambio de grupos indígenas.
En las últimas semanas, antes de la inauguración del sitio, el Saint Peter recibió a 400 alumnos de primaria y secundaria de Escazú, Alajuela y Heredia.