La pornografía es solo para adultos. Leyenda simple y obvia que no saben los niños.
Por eso es que muchos menores se han ido sumando al público consumidor a causa del descuido o falta de interés de sus padres u obligados por terceros.
"No puedo precisar con números, pero cada vez recibimos más casos", aseguró Líliam Gómez, fiscal de Delitos Sexuales y Violencia Doméstica de San José, al referirse a la cantidad de denuncias por corrupción de menores por medio de pornografía.
Este delito, explicó Gómez, es una forma de abuso sexual que ataca "la psiquis sana de los niños".
El jueves último esta fiscalía recibió el caso número 1.000, de los cuales el 90 por ciento son delitos sexuales, incluyendo aquí violaciones, proxenetismo, abusos deshonestos y, por supuesto, corrupción.
El problema comienza en que algunos padres consideran que el material porno ayudará a moldear el carácter de los niños, varones principalmente, aunque en realidad lo que genera es una enorme distorsión en su comportamiento y en su manera de entender el sexo.
Entre los más pequeños, los efectos comienzan a verse en los libros de dibujo, donde los avioncitos o casitas de colores son sustituidos por otro tipo de figuras.
También cambiará su lenguaje y sus juegos, que serán más bien manoseos y actos de irrespeto con sus amiguitos y amiguitas, así como la masturbación prematura.
Además sufrirán de pesadillas y bajarán las calificaciones en la escuela.
"El primer contacto que los chiquitos van a tener con una relación sexual es absolutamente grotesco porque no entienden lo que está pasando", explicó la psicóloga Mayra Chaverri, directora de la Comisión de Espectáculos Públicos del Ministerio de Justicia, entidad encargada de vigilar el manejo de este tipo de material.
Según la especialista, los niños van a crearse una idea equivocada del papel de los hombres y las mujeres pues los primeros aparecen, en este tipo de películas, sin ningún sentimiento y solo guiados por un órgano de su cuerpo, mientras que las mujeres están para satisfacer los instintos masculinos.
Las secuelas de este bombardeo mental son patentes en los casos que llegan con más frecuencia al hospital Nacional de Niños, sin que tampoco se pudieran conocer estadísticas. (Relato aparte.)
"Tenemos en Guadalupe un caso de un niño de nueve años que ya desarrolló esas conductas. También llegaron casos de una escuela en Pavas donde muchos chiquitos de nueve, diez y once años tocan a las compañeras. Ellos ni siquiera pueden ser sometidos a un proceso porque no los contempla la Ley Penal Juvenil. Solo están reproduciendo lo que ven", manifestó Ana Virginia Quesada, del departamento de Trabajo Social del centro médico.
En aquellas situaciones en que actúa un corruptor, normalmente el daño no se queda en observar pornografía, sino que es posible que, además, el menor soporte algún tipo de agresión física.
Una vez que los niños han vivido esta experiencia, lo único que se puede intentar para revertir toda su confusión es darles ayuda psicológica, como lo hace el hospital de Niños y la comisión interdisciplinaria de la oficina de Atención a la Víctima, del Ministerio Público.
Un negocio
Frente a esta amenaza, los primeros llamados a ayudar y a evitar el daño son los padres, y sobre ellos el Estado no tiene control.
La acción estatal, por medio de la Comisión de Espectáculos Públicos, se limita a regular el expendio y exhibición de este material.
Es decir, se exige a los responsables de establecimientos de alquiler de vídeos que el material pornográfico no esté a disposición o vista de todo el público. Asimismo, solo pueden alquilarlo a mayores de edad que presenten sus cédulas.
En cuanto a las tiendas exclusivas de vídeos porno, únicamente se permite el ingreso a mayores de 18 años.
"Podemos hacer leyes, pero nada nos garantiza que el material que llegue al adulto no llegue a los niños. De hecho, niños y niñas tienen gran acceso a este material por negligencia o concepto errado y machista de la sexualidad para los varones", agregó la psicóloga Chaverri.
También reconoce que el negocio es lucrativo, como lo evidencian las cientos de solicitudes que llegan a su oficina para abrir negocios de vídeos y los tantos filmes para vender. Esto, sin contar el amplio mercado negro de la pornografía, que se escapa por completo de sus manos.
Hace dos semanas, por ejemplo, la Fuerza Pública decomisó dentro de un camión, en Santa Ana de San José, 10.000 cintas porno "pirateadas".
Así, frente a corruptores y comerciantes inescrupulosos, las autoridades solicitan a los padres que no les fallen también a sus hijos.