Ya tiene año y medio de haber abandonado Jinotepe, Nicaragua, en busca de mejores condiciones de vida en Costa Rica. Pero para Juana del Carmen Calero, de 46 años, recibir al Año Nuevo lejos de sus dos hijos, sus ocho hermanos y su padre resultó doloroso.
"Es cierto que aquí nos han acogido bien, pero se sufre por la soledad, la distancia de la familia. En mi país, muchos hogares se han separado por la crisis económica", manifestó mientras fue entrevistada por La Nación en una banca del parque La Merced, en San José, sitio en que los nicaragenses radicados en Costa Rica acostumbran reunirse.
Eso sí, aun en tierra extraña, doña Juana, que trabaja en una fábrica de ropa en Alajuela, pasó la noche del 31 de diciembre en compañía de un hermano, su cuñada y algunos otros amigos que se juntaron para celebrar a su manera, la de su pueblo, con las comidas, bebidas y costumbres típicas.
Así también lo hicieron muchos de sus compatriotas ilegales que, esta vez, prefirieron no salir de Costa Rica para no perder los beneficios del régimen de amnistía migratoria, a los cuales se acogerían a partir de febrero próximo.
El Gobierno tico decretó la medida el 24 de noviembre anterior con el fin de que 300.000 centroamericanos, en su mayoría nicaragenses, obtengan residencia temporal o permanente.
Aquellos que salieron del país en los últimos días de diciembre y luego deseen regresar quedarían excluidos de la amnistía pues solo aplica para quienes ingresaron a suelo costarricense antes del 9 de noviembre.
De acuerdo con reportes de los puestos fronterizos de Los Chiles y Peñas Blancas, en la zona norte, entre el 20 y 29 de diciembre, unos 16.900 nicas dejaron Costa Rica para pasar las celebraciones de Navidad y Año Nuevo con sus familiares.
De ellos, aproximadamente 12.400 estaban debidamente documentados, es decir, con pasaporte, mientras otros 4.500 abandonaron voluntariamente el país. Otras 1.000 personas (600 en Los Chiles y 400 en Peñas Blancas) fueron rechazados cuando intentaron cruzar la frontera ilegalmente.
Un pedacito de Nicaragua
Pese a que no acostumbran reunirse como colonia extranjera, los nicaragenses, como doña Juana, tenían planeado celebrar el comienzo de 1999 con la anhelada alegría, olores, sabores y tradiciones de su Patria.
Sobre sus mesas no faltaría lo que normalmente comen para la cena de Año Nuevo. Una gallina rellena, bien dorada, chompipe, nacatamales y la famosa "sopa borracha", o sea, pedazos de queque seco azucarado empapado en licor.
Pero también se saborean otros postres, como mieles y cajetas.
Eso sí, la cena no se disfruta antes de la medianoche, tal y como se hace en Nicaragua, y sin haber asistido a la misa de gracias.
Luego, las comidas y las bebidas. Quienes prefieren algún licor, no dudan en escoger el conocido ron Flor de Caña o su botellita "extralight", bebida similar al guaro costarricense.
Tampoco se podía dejar de lado la costumbre de encender lo que ellos llaman "cohetes", y los costarricenses conocemos como "volcanes", bombetas, luces y otros juegos pirotécnicos.
En medio de abrazos y saludos, añoran su Nicaragua. Por eso, imploran a Dios su ayuda y, desde lejos, piden al presidente Arnoldo Alemán acciones concretas orientadas a la generación de empleos y a mejorar la economía de su país.
Colaboró Carlos Hernández, corresponsal en Ciudad Quesada.