Palmichal de Acosta. Al mediodía del jueves el policía Valerio Calderón Azofeifa recibió los documentos de su jubilación, después de 22 años de trabajar en la Fuerza Pública.
Siete horas y media después, este hombre de 60 años de edad murió desangrado en su último cumplimiento.
Calderón intentaba detener a un hombre de apellidos Quesada Durán, denunciado por provocar escándalos dentro de una vivienda, cuando recibió una puñalada en la pierna, que le cortó la arteria femoral.
"No quería caminar (el sospechoso) entonces mi compañero lo tomó por la espalda y lo empujó. El compañero me dijo "me cortó". No se le vio sacar el arma", recordó Martín Fuentes.
Fue él quien acudió junto a Calderón a atender el caso, a solo 500 metros de la delegación de Palmichal de Acosta.
"El hombre estaba cerca de mí, con puñal en mano y en posición de ataque. Yo tenía la vara policial y lo golpeé dos veces en la muñeca. Yo no veía para ningún lado cuando en eso vuelvo la mirada y veo que el compañero se va a desplomar sobre la carretera", continuó el testigo.
Este momento de confusión fue aprovechado por el sospechoso para emprender la huida, mientras Valerio Calderón se desangraba en vía pública.
Cuarenta minutos después, cuando los miembros de la Cruz Roja de Ciudad Colón llegaron a la escena confirmaron que el policía había fallecido, pese al control de sangrado que le habían hecho sus compañeros y lugareños con las instrucciones dadas por teléfono.
A eso de las 9:30 p. m. el presunto homicida fue apresado en un cafetal y ayer en la tarde rendía declaraciones en la Fiscalía de Puriscal.
En su historial hay una condena de tres años de prisión por robo simple, que concluyó en julio de 1999, y nueve sentencias más por delitos de hurto agravado, favorecimiento real, evasión, hurto simple, robo simple y violación de domicilio, todas cumplidas entre 1983 y 1995.
El último susto
Antenoche, a las 8 p. m., ya los diez hijos de Valerio Calderón estaban reunidos, acompañando a la madre, María Ángela Padilla, en la casa ubicada a un kilómetro de la delegación policial.
Según narró Carlos, el mayor, durante esos 22 años de policía, su papá les dio muchos sustos.
"Una vez en Turrubares, en la administración Carazo (1978-1982), se encontró con un matón cuando estaba cuidando un baile, lo cortó en la mano izquierda", narró el familiar, rodeado de amigos y parientes.
Dentro de la casa, la esposa del fallecido trataba de mantenerse ocupada, pues tras conocer de la muerte no paró de hacer café para los que llegaban a darle su pésame. Luego, ayer en la mañana, ordeñó la vaca y se dispuso a preparar una sopa.
"Yo no puedo estar de vaga", comentó mientras abrazaba a su hijo de nueve años y sostenía, a punto de llorar, la foto del marido difunto.
Durante 1999 cinco policías murieron en el cumplimiento de sus deberes. El 6 de noviembre otro resultó herido de gravedad durante un enfrentamiento con una supuesta banda de asaltantes. Esta misma semana otro efectivo recibió una puñalada cuando se disponía a detener a un sospechoso.