Limonal de Coyolar, Orotina. Todos los días, María Isabel Sánchez Marín se levanta a las 3 a. m. para dejar listo el almuerzo de la casa y preparar a sus hijos que asistirán a la escuela. Tres horas después, cambia el delantal por una gabacha de albañil y se enrumba hacia Limonal, donde construye, junto con otras nueve mujeres, el salón de la comunidad.
Desde el 25 de enero, ella asiste a un curso del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) sobre construcción en el que, curiosamente, coincidió con una mayoría de estudiantes femeninas. Al inicio, llegaron cinco varones, pero poco a poco desertaron, por lo que hoy reinan únicamente mujeres, explicó el instructor, Jorge Carvajal Alfaro.
"El objetivo es que ellas salgan como albañiles" dijo el profesor, para quien es la primera vez que debe impartir un curso solamente a mujeres. "Es un reto porque uno está acostumbrado a los hombres. Uno se siente mal cuando las manda a traer un saco de cemento, pero van y lo traen", manifestó.
La mayoría se dedican normalmente a labores del hogar, pero dejaron los prejuicios en casa, se armaron con martillos, clavos y muchas fuerzas para acarrear el cemento, la arena y la piedra.
Ninguna vive en Limonal, sino en Coyolar, Santa Rita y el centro de Orotina. Todas reciben una beca del INA -¢15.000- para cubrir pasajes y comida, y ¢10.500 más para las que deben garantizar el cuido y la comida de niños pequeños.
Ya los muros están en pie. El salón contará con dos baños, una cocina y una bodega. La comunidad aporta la mayor parte de los materiales, para lo que, según Alba Ramírez Rodríguez, del comité de apoyo de la iglesia, realizan rifas, ventas de comida y ferias. También han recibido crédito para comprar, entre otros materiales, las latas de zinc.
"Desde hace mucho era una necesidad porque no teníamos dónde reunirnos", dijo Ramírez, quien sí es vecina de esta comunidad, integrada por unas 70 familias.
Abrir mercado
"Me llamó la atención -el curso- porque es bonito aprender. Es un poco pesado, pero me gusta. Llego cansada a la casa, pero sigo adelante", relató doña María Isabel Sánchez, quien pretende formar un grupo con sus compañeras y ofrecerse como albañiles.
Pero algunas temen no conseguir trabajo en construcción, preocupación que comparte con el instructor. "Como siempre se acostumbra que sean hombres, no sé si tendrán trabajo, pero sí están en capacidad", dijo Carvajal.
El curso ya les está dando frutos. Patricia Núñez construyó un cuarto y un corredor en su casa, con ayuda de su marido. Isabel Hernández Sandí levantó su cocina.
Las estudiantes tendrán que realizar la instalación eléctrica y afinar los detalles como el enchapado y demás. La fecha meta para terminar con la construcción es el 10 de diciembre. "La primera fiesta que vamos a hacer ahí es la de nosotras", manifestó Hernández.