Christopher, como cualquier bebé, bosteza y se tranquiliza cuando lo acaricia su madre, Katherine Arias. También llora. Llora más que muchos pues debe soportar una sonda que lo alimenta, el oxígeno y la soledad de una incubadora del Hospital Nacional de Niños.
Con 20 días de nacido, apenas siete meses de gestado y 1.500 gramos, ya sufrió una operación. Pero lucha, con toda la fuerza de sus escasos centímetros, por no convertirse en parte de una estadística que parece aumentar: la mortalidad infantil.
En 1997 esta tasa subió un 20 por ciento en relación con el año anterior; un incremento que nos hizo retroceder a los niveles de hace siete años.
Pasamos, así, de una tasa de 11,8 por mil en 1996 -a tasa más baja que se había registrado desde 1930-, a 14,2 por mil un año después. Y la proyección para 1998 es de un 15 por mil, según el neonatólogo Oscar Segreda Rodríguez.
La tasa de mortalidad infantil es el número de muertes de niños menores de un año, por cada mil nacidos vivos. Este indicador demográfico ayuda a evidenciar el nivel de desarrollo de un país, por relacionarse con la calidad de vida tanto de la madre como del bebé.
Si bien Costa Rica había logrado una reducción admirable de esta tasa desde la década de 1960, cuando alcanzaba las 81 muertes infantiles por cada mil nacimientos, durante la década de 1990 la reducción se desaceleró, algo que preocupa al Ministerio de Salud.
Aún no se puede asegurar que este incremento evidencie una tendencia al alza, pues todavía no se cuenta con las cifras exactas de 1998. Las causas tampoco están claras, pero lo que sí es evidente, es que la tasa se ha estancado.
Más chicos, más peligro
De cada cien niños que mueren antes de cumplir un año, 75 fallecen en los primeros 28 días de vida; la mitad, antes de cumplir la primera semana; y 25 antes de alcanzar las 24 horas de edad, según revelan las estadísticas del Ministerio de Salud.
Esto marca una diferencia en relación con lo que sucedía hace tres décadas, cuando la mayor parte de la mortalidad se presentaba entre uno y doce meses de edad por enfermedades controlables por vacunación, o diarreas, explicó María Elena López Muñoz, directora de Servicios de Salud de esa cartera.
Actualmente, las principales causas de muerte son distintas: problemas perinatales (como bajo peso y prematuridad) y malformaciones congénitas, principalmente del aparato circulatorio y del sistema nervioso central.
De acuerdo con la viceministra de Salud, Xinia Carvajal, "las causas de muertes anteriores eran muy fáciles de resolver. Al solucionarse esas causas, toman importancia las malformaciones congénitas que requerirían una atención muy especializada y tratamientos muy costosos".
No obstante, para Segreda estas malformaciones se podrían reducir con una mayor ingestión de ácido fólico por parte de las mujeres (Ver recuadro adjunto). Pero también se deben atacar otros factores.
Muchos "culpables"
El gerente médico de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Fernando Ferraro Dobles, señaló tres posibles causas de este estancamiento: un cambio en la manera de medir la tasa, dictado por la Organización Mundial de la Salud (OMS); la inmigración ilegal y el incremento en el embarazo de las adolescentes.
Antes de 1997 no se incluía en los cálculos a los pequeños prematuros que pesaban menos de 500 gramos, explicó Segreda, lo que, unido a las mejoras en la recolección de datos, pudo acrecentar la tasa.
Para María Elena López, las enfermedades perinatales y malformaciones congénitas también se asocian con la calidad de vida de las madres, el tabaquismo, el alcoholismo, el control prenatal, la falta de control en casos de hipertensión, bajo peso en la madre y "achaques" severos.
Asimismo, existe una desigualdad regional, pues la tasa de mortalidad es mayor en Limón y Guanacaste (ver mapa adjunto). Esto se relaciona, según los especialistas, con diferencias culturales y económicas de las provincias, así como la dificultad de acceso a los servicios de salud en algunas zonas.
Madres ocultas
En 1997 también se dio un incremento en el número de embarazos en adolescentes, que sólo en el primer semestre de ese año, representaron el 19,6 por ciento del total, según el informe Estado de La Nación.
Esto podría afectar la mortalidad, pues de acuerdo con León Barth, jefe de la sección de salud del niño de la CCSS, las madres adolescentes son más reacias a asistir a control prenatal, pues en no pocas ocasiones, quieren ocultar su estado y no asisten a consulta obstétrica.
A las adolescentes, se les unen las mujeres de bajo nivel socioeconómico, que por razones culturales, sociales, educativas o de acceso, no asisten a control prenatal, lo que aumenta el riesgo.
Tal es el caso de Cristina Bejarano Bejarano, de San Vito de Coto Brus, quien nunca fue a control prenatal. "Yo me sentía muy mal durante el embarazo, pero no tenía control en el hospital porque me daba pereza", dijo antes de entrar a ver a Laura, su hija prematura, quien se encuentra en el Servicio de Neonatología del Hospital Nacional de Niños.
La inmigración ilegal se suma a este problema, pues las mujeres que cruzan las fronteras y llegan a dar a luz a los hospitales costarricenses, por lo general, no cuentan con condiciones de salud adecuadas, y si sus niños mueren, eso incrementa la tasa de Costa Rica.
Una lucha de todos
"Esto es un problema de todos", aseguró Oscar Segreda, quien lanzó una decena de medidas que podrían disminuir esta tasa: control prenatal adecuado, detección temprana del embarazo de alto riesgo y una atención especializada, educación a las futuras madres sobre síntomas de cuidado, entre otros.
Esto requiere acciones por parte de la Caja, en educación en salud reproductiva y atención prenatal. Tanto León Barth como la viceministra reconocen que esa entidad realiza esfuerzos importantes, pero se deben mejorar.
Por su parte, Ferraro aseguró que todas las clínicas están reforzando los programas de planificación y de control prenatal. Los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (EBAIS) también cuentan con programas de esta índole.
Segreda agregó la necesidad de atender mejor al niño gravemente enfermo en la sala de partos, para lo cual la Asociación Costarricense de Neonatología desarrolla un programa de capacitación en todo el país a quienes laboran en esas salas, y así reducir la tasa dos puntos en los próximos dos años
¿Alcanzaremos a los países desarrollados? Segreda y León Barth fijan sus esperanzas en acercarnos a las ocho muertes por mil nacimientos, que se dan en esas naciones. Aunque nos lleve muchos años, aseguran que la lucha hay que darla, como la da Christopher desde la incubadora.