
Liberia, Guanacaste. A escasos cuatro kilómetros de los hoteles, centros comerciales y residenciales de “lujo” que convierten a Liberia en una zona de alta plusvalía, hay cientos de familias que no tienen ni qué comer.
Aunque no hay cifras oficiales, la Alcaldía Municipal estima que el número de personas que subsisten en precarias condiciones oscila entre 15.000 y 20.000.
Ellas viven entre latas de zinc, atrapadas por anillos de pobreza que amenazan con “asfixiarlas”. Es la Liberia que pocos conocen.
Carlos Marín, alcalde municipal, señaló que, literalmente, la ciudad se divide en dos.
“Tenemos la parte oeste, que refleja el crecimiento turístico e inmobiliario, y la parte noreste, donde está concentrada la pobreza”, recalcó el jerarca municipal.
La situación crítica la viven las familias de barrios como San Rafael, Rojas Chávez, Martina Bustos y El Regalito.
Esas poblaciones carecen de servicios básicos como agua y electricidad; las calles son de cascajo y en las casas la pobreza se convirtió en una inquilina más.
La mayoría de las personas subsisten con salarios muy por debajo del mínimo fijado.
“Yo me dedico al reciclaje y gano unos ¢16 mil al mes. Es muy cansado porque tengo que recoger botellas y latas en las calles”, expresó Isabel Mairena, vecina del barrio Martina Bustos.
La baja escolaridad contribuye a que esos números aumenten.
Yitsak Digat, director ejecutivo de la Cámara Liberiana de Turismo (Calitur), lamenta que la mayoría de empresas turísticas contraten empleados del Valle Central, ante la falta de personal capacitado.
“Es claro que para salir de la pobreza las personas necesitan estudiar, capacitarse”, añadió Digat.
De acuerdo con el empresario, nada hacen las entidades de gobierno entregando subsidios.
“Eso solo sirve para paliar el problema, no es una solución”, advirtió Digat.
Apoyo. A través de programas sociales, las instituciones gubernamentales decidieron combatir la pobreza en el cantón liberiano.
El Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) puso en marcha “Ideas Productivas Grupales” y “Desarrollo Comunitario” para dar una mano a los que menos tienen.
La institución cuenta para este año con un presupuesto que ronda los ¢213 millones para Liberia.
Karla Fuentes, gerente regional a. í. del IMAS, dijo que la entidad se encarga de seleccionar a los beneficiarios mediante un estudio.
Sin embargo, la institución no dispone de mecanismos para medir los índices de pobreza en el cantón.
Por otra parte, el gobierno local creó en la administración anterior el Área de Acción Social.